La figura del Burlador se convirtió en un mito universal y eterno del amor.
"Don Juan" no es un prototipo español, aunque retoma aspectos típicamente ibéricos
Aunque Zorrilla odiaba su obra cumbre, fue un baluarte del Siglo de Oro.
Aparece esta figura en el Siglo de Oro de la Literatura española, coincidiendo con la franca decadencia de nuestro Imprerio, que en Rocroi sufrió una grave derrota implicadora para Francia de su hegemonía militar en Europa Mucho se ha escrito sobre esta época de Felipe IV, pero por dar las claves de "Don Juan" elijo la ora del ilustre Gregorio Marañón, quien retrata este reinado e indaga sobre el origen de dcho personaje teatral.
Tomando como referencia "El convidado de Piedra", de Tirso de Molina, Marañon sostiene que lo más probable es que el modelo vivo que impresionó a Tirso para idear su drama fue el conde de Villamediana, al que el gran fraile conoció de cerca y cuyya vida fue un trasunto exacto de la del Burlador.
¿Quién fue ese aristócrata calavera? Se trata del poeta y dramaturgo, hoy día apenas conocido como tal, Juan de Tarsis Peralta, segundo ostentador de su condado, que había nacido en Lisboa al ser su padre correo mayor de Felipe II y acudir el matrimonio a la capital lusitana para la coronación de este monarca como rey de Portugal, o sea, de la Península Ibérica. Casó a la edad de veintiún años con doña Ana de Mendoza y de la Cerda, hija de don Enrique, hermano del duque del Infantado.
Concurría en él todas las características de Don Juan. Aparte de acompañarle el nombre, era jugador, pendenciero, seductor... Como el Tenorio de Zorrilla, pasó a Italia -al servicio del conde de Lemos- donde, al volver a Madrid, dejó nefasta memoria de sus amores de corrupción.
En la Corte continuó su vida donjuanesca hasta que una noche fue asesinado al llegar en coche a su casa, en la calle Mayor, por un hombre que salía del portal de Pellejeros, atravesándole el corazón. Trató de bajarse, de defenderse, pero cayó muerto en la calle exclamando: ¡Esto es hecho! ¿Jesús! Iba con él don Luís de Haro, que se aprestó también a la defensa, pero el asesino huyó y no fue encontrado.
Se dijo que éste era un individuo llamado Ignacio Méndez, natural de Illescas, por indicación de Olivares, aunque se barajan otras hipótesis sobre la identidad del ejecutor, sobre el autor de la conspiración y, asimismo, los motivos que impulsaron su muerte.
Dejando este Don Juan de carne y hueso, sigamos con la obra de Marañón en torno al personaje teatral.
Para nuestro biógrafo, "Don Juan" no es un prototipo español -transcribimos-: 'Nada tiene que ver con las actitudes instintivas y profundamente típicas de nuestra raza. Don Juan no es una creación española, ni mucho menos andaluza. Vino a España desde otros países de Europa , empujado por el huracán renovador y cínico del Renacimiento. Si nació a la mitología literaria en España fue porque enaquel siglo la fecundidad del genio español coincidió con una decadencia profunda de la moral nacional'.
Seguidamente clarifica que:
por nacer en España, la leyenda de Don Juan surgió unida a elementos a elementos religiosos y fúnebres típicamente ibérico, que fueron la causa inmediata de su éxito y de su difusión. Pero pronto la figura del Burlador se despojó de estos elementos locales y de época para convertirse en uno de los mitos universales y eternos del amor.
En nuestro país, incuestionablemente, es confluencia del amor y la muerte (en ello están de acuerdo todos los autores), y nuestro eminente filósofo JUlián Marías añade que lo es también de la retórica, que es primordial en el amor, apuntando que "seducción de doña Inés, en la quinta junto al Guadalquivir, a fuerza de palabras, es justamente por ser retórica, una de la escenas más veraces del teatro español'.
Muchos donjuanes.
Distintas, muy distintas, son, en efecto, las versiones extranjeras y es tan elevado su número que solo puedo citar algunas. Hay una obra voluminosa -dos tomos- que enumera y comenta cuantos Tenorios han elaborado los escritores, poetas y, sin olvidar, a los músicos. El autor de este estudio de las obras generadas por "la leyenda de Don Juan" es Georges de Bévotte.
Recordemos entre innumerables reproducciones, las francesas de Moliere, y de Próspero Mermé; las inglesas de Lord Byron -su "Don Juan"- y "El Libertino", de Tomás Shavell; la holandesa "Cena del sepulcro de Don Pedro y el libertino castigado", de Adriano Peys, y las italianas "El convidado de piedra", de GCicognimi, y "Don Juan Tenorio, el disoluto", de Carlos Goldoni.
En Rusia el gran poeta y novelista Puschkin, que como un Don Juan más protagonizó grandes escándalos, siendo jugador y mujeriego, escribió el poema dramático titulado "El convidado de piedra", Los melómanos tienen el "Don Juan", de Mozart, cuyo libreto fue escrito por el abate Lorenzo Da Ponte, ópera bufa que fue estrenada en Praga en 1787.
En España, y aun en el mismo Siglo de Oro, también existen otras variantesde Don Juan. Cabe destacar obras como "No hay cosa como callar", de Calderón de la Barca. Anteriormente a Fray Gabriel Tellez (Tirso de Molina), Lope de Vega hizo una versión del personaje en "La fianza satisfecha".; además en nuestro romancero existe la leyenda del galán que invita a cenar a una calavera y a una estatua.
Obviamente no podemos olvidarnos del poeta y dramaturgo sevillano, que se sentía muy orgulloso de descender de don Beltrán de la Cueva, valido de Enrique IV de Castilla, es decir, Juan de la Cueva de Garoza, quien escribió "El Infamador". Leyendo este drama, que ha sido considerado por algunos como el precursor -se estrenó en 1581, mientras "El burlador de Sevilla" y el "Convidado de Piedra" data de 1630-, veremos que Leucino el jactancioso por ser rico -¡qué necio!- no pasa de ser un violador en potencia.
A estas artimañas recurre cuando sus celestinas, Teodora y Terecinda, fracasan tratando de vencer la honestidad de Eliodora, pero él también falla repetidamente en su intento de violación , ocurriendo un crimen, y no vacila en culpar calumniosamente a Eliodora, que es encarcelada y, por aberración de la justicia, es sentenciada a muerte. Menos mal que la diosa Diana se pone frente a Eliodora y Leucinia, proclamando la inocencia de la primera, mientras él confiesa su delito. Eliodora queda como virgen fuerte y ya se conceden las condenas que caen sobre el infamador.
Vicisitudes del drama.