¿En dónde ve el pueblo español su peligro más eminente?
En el poder dejado por una tolerancia mal entendida.
-Larra, padre-
Ahora voy a referirme a los que no han sido catalogados como corruptos, pero que no tienen buena prensa, que incurrieron en hechos como este:
En el poder dejado por una tolerancia mal entendida.
-Larra, padre-
Ahora voy a referirme a los que no han sido catalogados como corruptos, pero que no tienen buena prensa, que incurrieron en hechos como este:
Se trata, como es sabido, del kamikaze Ramón Josge Ríos Salgado, primo del consejero de Sanidad de Castilla La Mancha, el cual dio por toda explicación de su delito de homicidio: No recuerdo por qué hice algo así. ¡Qué falfa de memoria la de todo delincuente! Tampoco se percató de las señales que los conductores le hacían, con luces y claxon, indicándole que conducía en sentido contrario. Chocó con el coche que conducía José Alfredo Dolz.
Gallardón que, como es notorio, mientras fue alcalde de Madrid, se embarcó en proyectos faraónicos, llevado de megalomanía, que formó entre los alcaldes de despilfarro que endeudaron sus respectivos Ayuntamientos, ha sido elegido por Rajoy como ministro de Justicia, sin que sea justo que no haya cumplido lo que ofreció hacer en mejora de la misma. Por otra parte, está disgustando con su conducta en funciones de su cartera, empezando por los jurídicos, y siéndolo él, aunque optara por la política, no se entiende su contraposición entre la rama judicial y el ministro, que le hayan hecho juelga junto con el público por sus disposiciones perjudiciales a impartir justicia, perjudicando a la vez al ciudadano y a los profesionales. Por añadidura los indultos, así como su participación, más o menos soterrada, en el escándalo dado por la monarquía respecto a la primera imputación de la infanta Cristina. No sólo se ha de tener ejemplaridad no siendo un corrupto, también en el ejercicio de un cargo, tanto más si es político, ya lo dice Ortega y Gasset: El mando debe ser un anexo de la ejemplaridad.
Gallardón que, como es notorio, mientras fue alcalde de Madrid, se embarcó en proyectos faraónicos, llevado de megalomanía, que formó entre los alcaldes de despilfarro que endeudaron sus respectivos Ayuntamientos, ha sido elegido por Rajoy como ministro de Justicia, sin que sea justo que no haya cumplido lo que ofreció hacer en mejora de la misma. Por otra parte, está disgustando con su conducta en funciones de su cartera, empezando por los jurídicos, y siéndolo él, aunque optara por la política, no se entiende su contraposición entre la rama judicial y el ministro, que le hayan hecho juelga junto con el público por sus disposiciones perjudiciales a impartir justicia, perjudicando a la vez al ciudadano y a los profesionales. Por añadidura los indultos, así como su participación, más o menos soterrada, en el escándalo dado por la monarquía respecto a la primera imputación de la infanta Cristina. No sólo se ha de tener ejemplaridad no siendo un corrupto, también en el ejercicio de un cargo, tanto más si es político, ya lo dice Ortega y Gasset: El mando debe ser un anexo de la ejemplaridad.
Todo ello es como consecuencia de abuso de poder, ejerciendo despotismo contra una sociedad que hasta aquí lo ha sufrido, lo que les llevó a creerse que ésta ha de servirles, es decir, entendieron su cometido al revés.
Lejos de entenderla, el bueno es tomado, en efecto, por idiota. Ocurre entre la gente en general, y de una manera especial en los políticos. Hay que ser bueno con los buenos, pero sin perder de vista en la vida la circunspeción. E incluso con los buenos.
Basados en esta idea, pasándose de listos, han estado muy tranquilos hasta que han tenido que dejar de estarlo, porque el ciudadano ha tenido que empezar a defenderse al ver que el Gobierno ha llegado a un punto intolerable, empezando, y desde el jefe del Estado, a tenerle amordazado. Era caminar hacia una esclavitud moderna o haber arribado en ella. Desde la familia real, políticos a toda escala, del alto a un alcalde de pueblo, los cuasi políticos banqueros, bastantes también empresarios del ladrillo, por doquier, en fin, se desplegaba la corrupción destrozando la economía, abocando a la crisis; llegada ésta, había que destrozar más al pueblo y, así, se le ha obligado, sin culpa en ella y siendo, obviamente, el que más ha de sufrirla, a ser totalmente el pagano de la misma. Y cuando la ciudadanía hace pública su lamentación, el Gobierno pone barreras morales y materiales entre él y la misma.
El Gobierno asfixia económicamente al ciudadano: aumenta el paro, reduce todos los servicios sociales hasta los primordiales, como es la salud y la enseñanza, y, así, tantos y tantos españolitos de a pie, en la más monstruosa injusticia social, se ven hasta sin casa. Sucede, por otra parte, que el robo no cesa, y en las frecuentes manifestaciones hay pancartas como la que tenemos a la vista. Pero el robo no se recorta, ya hice referencia en otro artículo de la por demás reprobable vista gorda del Gobierno y de la impunidad con algunos, cuando no indultos a los condenados por los jueces.
Los medios de comunicación, la sociedad, en suma, tiene que controlar al Gobierno, a cuyo servicio está, que no al contrario como éste se creee y actúa, con evidente desprecio a la misma a lo largo de su legislatura. La comunicacón -oral, papel, internet- es primodial, pero, cual todo cristo, procediendo con honestidad, porque
la prensa falaz, la que sigue o hace una política innoble, no la queremos. Y de todo hay en la viña del Señor; la humanidad, lamentablemente, no se compone, ni mucho menos, de personas íntegras, es decir rectas, probas, intachables. Tontos y/o malos hay en todas partes, en todas las profesiones, y... a sembrar daño. Eso sí, ningún tonto tira cantos a su tejado. Bueno, alguno sí -excepciones de la regla- por ser ya rematadamente tonto.
Absoluta transparencia ha de tener el poder.
Esta es la disyuntiva. O, como diría Hamlet, ser, o no ser, es la cuestión. Una cosa u otra, transparencia como conditio sine qua non, condición indispensable, para cuentas claras, o robo al canto, lo cual desemboca en crisis. El robo de décadas pasadas ha sido gigantesco y, consecuentemente, gigantesca es la crisis de actualidad. Aparte el robo, no deja de haber coadyuvado erróneas políticas. Éstas más o menos encaminadas a algo parecido, el pro domo sua ciceroniano. Ha de haber honestidad y transparecia
sin ambas cosas no quedará lo más posible reducida la corrupción, y, asimismo, poderse abrigar la idea de erradicarla. En que el poder corrompe están de acuerdo todos los autores, el robo -Fernando Savater dice- está siempre asociado a la idea de poder. Piensa, no obstante, un políco español de nuestros días, Juan Barranco, que el poder corrompe a los corruptos, hace golfos a los que son golfos e inmorales a los que ya lo eran. Obviamente si ya hay predisposición, si se lleva en los genes... De todos modos, ya lo he dicho, las personas intachables no abundan, mientras sí las seducidas por la avaricia. Según Ruben Blades, el poder no corrompe; el poder desenmascara. No puede corromper, desde luego, al que ya va a él corrompido, mas cierto que, antes o después, corrompe y desenmascara.
Absoluta transparencia ha de tener el poder.
Esta es la disyuntiva. O, como diría Hamlet, ser, o no ser, es la cuestión. Una cosa u otra, transparencia como conditio sine qua non, condición indispensable, para cuentas claras, o robo al canto, lo cual desemboca en crisis. El robo de décadas pasadas ha sido gigantesco y, consecuentemente, gigantesca es la crisis de actualidad. Aparte el robo, no deja de haber coadyuvado erróneas políticas. Éstas más o menos encaminadas a algo parecido, el pro domo sua ciceroniano. Ha de haber honestidad y transparecia
sin ambas cosas no quedará lo más posible reducida la corrupción, y, asimismo, poderse abrigar la idea de erradicarla. En que el poder corrompe están de acuerdo todos los autores, el robo -Fernando Savater dice- está siempre asociado a la idea de poder. Piensa, no obstante, un políco español de nuestros días, Juan Barranco, que el poder corrompe a los corruptos, hace golfos a los que son golfos e inmorales a los que ya lo eran. Obviamente si ya hay predisposición, si se lleva en los genes... De todos modos, ya lo he dicho, las personas intachables no abundan, mientras sí las seducidas por la avaricia. Según Ruben Blades, el poder no corrompe; el poder desenmascara. No puede corromper, desde luego, al que ya va a él corrompido, mas cierto que, antes o después, corrompe y desenmascara.






