Así lo ve Mafalda.
Muy bien descrito ‘el final de partida’, pero se ha de exceptuar la opinión que Ana Romero tiene de su biografiado. Es inconcebible, difiere diametralmente, del concepto general; sin ir más lejos del siguiente discernimiento de Federico Jiménez Losantos emitido no ha mucho en “Es la mañana de Federico”:
El problema de Zarzuela es que han tenido dos padres analfabetos, porque Juan Carlos es un analfabeto funcional, no sabe nada de la Historia de España, no ha leído un libro entero en su vida. Sofía es una ortodoxa que no ha sabido nada y sigue sin saber ni la Historia de España ni de la historia de nada, lo único que quiere es ser reina, madre de…, o hija de tal…, Pero es que las niñas, que tienen la obligación de aprender la Historia de España, la están desaprendiendo.
Se refería a la impropia manera que se ha llevado a cabo la primera comunión de la hija mayor de los monarcas actuales, por muy aconfesional que sea España. Y aconfesional no es dejar de ser católica.
Minuciosamente, yendo del detalle a lo básico, sigue la autora la etapa final de pronunciada pendiente de Juan Carlos I como rey de España, y aquí chapó, mi admiración por su trabajo bien documentado, con tanto más motivo cuanto que ella en alguna ocasión tomó parte, como informadora, en los hechos. Los enjuicia, además, objetivamente, nada de dejarse llevar por simpatía o antipatía, pero ya no es tan desapasionada al enjuiciar la totalidad del reinado y vida de Juan Carlos I. Olvida, por ejemplo, que el historiador, especializado en las actuales monarquías europeas, Juan Balansó (1942-2003) ha escrito que ‘el reinado de Juan Carlos I pasará a la Historia como en reinado de la corrupción’, y cuánto más hubiera expuesto de haber llegado –murió relativamente joven- de vivir en la actualidad, tras haber ido cediendo la implícita censura en torno a la monarquía, y ya a partir del safari de Botsuana con Corina incluida, se pudo hacer uso, y se hizo, del artículo 20 de la Carta Magna que legitima la libertad de expresión. (Al parecer Rajoy no “recibió” esta carta y por ello pretende que no haya libertad de locución). El rey entró en una caída en picado, y Mariano Rajoy se halla muy próximo a ello. ¡Si supiera dimitir! Juan Carlos I, al fin, supo abdicar para salvar la monarquía.
Salvada está, de momento, en la persona de su hijo, que enormemente deseaba doña Sofía verle de monarca en detrimento de su marido de juri más que de facto, habida cuenta de que materialmente, aun viviendo en la misma mansión, pero en zonas distintas, es un matrimonio en el que se produjo la ruptura apenas fueron reyes. Tal fue el """hogar""" real –real de realeza y de realidad- que vieron siempre los hijos. Y que los españoles un día descubrimos. Poco a poco se fue descorriendo el tupido velo que cubría la vida de la familia real –más en el libro que en la prensa-, iba presentándose al monarca y su vida familiar en su autenticidad.
Surgieron libros como el de Iñaki Anasagasti, cuyo título ya lo dice todo: Una monarquía protegida por la censura. Tras la acusación de la Fiscalía Anticorrupción dijo: La Casa Real se desmadra porque siempre ha gozado de impunidad, consentido por el PP y el PSOE […], sin someterla a escrutinio público “esto se desmorona”.
Ya avanzada mayor libertad, aunque sin dejar de costarle alguna contrariedad, apareció La soledad de la reina Sofía, de Pilar Eyre, en el que subraya tal situación y se detiene bastante en la lista donjuanesca del rey, mas no era, ciertamente, entrar en tema virgen. Cuenta, asimismo, la lucha que hubieron de afrontar Juan Carlos y Sofía para captarse la confianza de Franco cuando éste llegó a desconfiar del príncipe de España. Apunta que ‘quizá Juanito no estaba enamorado de Sofía. Pero en aquellos tiempos de tribulación, la necesitaba, se apoyaba en ella.
La complicidad es un mal sustituto del amor.
Muchos años después Sofía recordará con añoranza:
- ¡Entonces todo lo hacíamos juntos!
- Y Juanito le reconoció a Pilar Urbano que:
- Ella, sobre todo al principio, me dio mucho…
Más se preocuparon cuando se enteraron de que Franco se dedicaba a alabar indiscriminadamente al otro pretendiente, su primo Alfonso de Borbón Dampierre, que se había convertido ya en un habitual de la familia del Caudillo y estaba en plena efervescencia conspirativa.
En suma, pinta cómo vieron la corona en globo, o sea, sumamente insegura. Hubieron de sufrir humillaciones de los Franco, tuvieron un camino inseguro, tortuoso, doloroso, pero el hado obró a su favor.
Un antes y un después.
El desencanto de Sofía lo expone bajo esta forma Pilar Eyre.
El Audi devoraba silenciosamente la autopista dirección a Toledo. Pasado Aranjuez tuvieron que desviarse por una carretera comarcal llena de baches, pero aún así los pasajeros iban cómodamente sentados sin apenas sobresaltos. Elena, Cristina y Felipe tenían las puntas de las narices rojas y se las frotaban con sus guantes de franela. […] ¡Lo contento que se iba a poner Juanito cuando los viera llegar!
Una hora y media separaba a Sofía de su Monte Calvario. […]
- ¿Qué hora es, Gaudencio?
- Las once, majestad.
- Niños, los cazadores a estas horas estarán descansando. ¿Cómo se llama eso que hacen a media mañana, Gaudencio?
- El taco, majestad.
- Desayunan en la casa y ya veréis la cara que se le pone a papá
- La finca estaba apenas a hora y media de Madrid.
Creo que el suceso, quizá el más importante de la vida de Sofía y Juan Carlos 2º, ya que marcó un antes y un después en sus relaciones de pareja, merece ser investigado rigurosamente. Yo le he aplicado los métodos que aprendí en mis años de reportera en Interviú y he podido trazar una cronología de los hechos y también la versión, no sé si más verídica, pero sí la más verosímil.
Refiere que cuando llegaron a la casa-palacio Sofía se sorprendió al ver que las ventanas estaban cerradas, las persianas echadas y ningún coche a la vista. El chófer dijo rápidamente:
--Señora, no hay nadie, deben estar cazando todavía. ¿Regresamos? ¡Quizás su majestad ha vuelto a Madrid!
Aceptó. Y Gaudencio con un suspiro de alivio iniciaba la marcha cuando Felipe se puso a gritar de alegría por haber visto a Moro, el mastín del rey. Entonces la reina le mandó parar, porque sí estaba su marido. Salió disparada hacia la casa y un título salió a su encuentro, el cual le informó, un tanto titubeante, que el rey no estaba, se encontraba cazando, pero ella descubrió en un descansillo de la escalera a un escolta fumando un cigarrillo. Entonces furiosa, sin que el dueño de la casa y los escoltas pudieran impedírselo, dio un manotazo a la puerta y… se encontró lo que se encontró. No lo dice Pilar Eyre pero sí otros autores. Si expone la reacción de Sofía.
Las secuelas a corta distancia que trajo y las que motivó ya de por vida: la irremisible separación conyugal. Al día siguiente inició su papel histriónico, representar su papel de asistencia al acto de recepción al cuerpo diplomático en el Palacio Real, entonces llamado <de Oriente> Ello no impidió que acto seguido viajara en busca de su madre y llevándose sus tres hijos. Causó un problema político, pero al fin a los diez días volvieron las aguas a su cauce tras recomendarle la ex reina Federica que no dejara de ser reina, que continuara la representación teatral que había iniciado, pues que, de no ser así, sólo penurias la esperarían, que se mirase en su espejo.













