El principio del gobierno democrático es la virtud.
- Montesquieu -
Hiere al ciudadano con verdadero sentido de la justicia que pueda haber un individuo que sea intocable, no ya como infanta, incluso como rey. Y le ha habido y continúa habiéndole. ¡Y España se considera, y es considerada, como un país de Derecho! Vemos atónitos en muestra Carta Magna el irrazonable artículo 64.2 del que se viene hablando y recriminando hasta la saciedad -incluido quien suscribe-, estando ahora en candelero con motivo de cambio de rey, el hecho de que debe existir ahora la posibilidad de ser llevado ante los Tribunales de Justicia el rey Juan Carlos I, como un ciudadano más, una vez que ha dejado de ser soberano del Estado. He aquí la fotografía de los supuestos hijos que le reclaman su derecho de paternidad.
Ella presentó demanda en 2012, y en 2013 Solá en nueva demanda pidió la exhumación del cadáver de don Juan de Borbón para practicar un análisis de ADN. El abogado de Solá dice: Ahora ya no es inviolable y con la ley en la mano, tenemos la razón. Otra cosa es que ciertos intereses inclinen las cosas hacia otro lado. Tristemente cabe decir al abogado, Francesc Bueno, que es probable ocurra la otra cosa. De nada le va a servir que, como anuncia, amplie ahora el recurso con la prueba de abdicación del monarca, que certifica el fin de su inviolabilidad, y una muestra de ADN atribuida al monarca y que coincide en un 99,9% con la de su cliente.
Ahora que la Ciencia resuelve este problema con toda facilidad y veracidad, plena garantía, lo que no ocurre con la investigación histórica, que en tantos errores ha incurrido y puede incurrir, nada más fácil que aceptar la prueba, si el demandado quiere probar que lo es injustamente, el negarse indica a todas luces su culpabilidad. Es muy distinto decir que eres hijo, y otra llegar al extremo de poner una demanda. Desde un principio tuvo el deber de defenderse -no fue Urdangarín al Juzgado de Mallorca a "defender su honor", como dijo a la prensa-, de dejar probado que no son hijos suyos. Temió tanto el ADN como cuando no quiso que se hiciera en torno a la descendencia de Carlos IV.
Una hija implícitamente admitida.
José María Zavala, en "BORBONES Y BASTARDOS, Los hijos desconocidos de la dinastía", Plaza & Janés 2011, escribe algo que es conocido y no carece de bastantes comentarios
El alegato De la Ruelle le calificó la Zarzuela de "infundio que carece de fundamento" -obviamente todo infundio carece de fundamento-, mas ella, con su abogada, Dominique Rémy, insiste en que es "hija natural del rey de España". Manifiesta como detalle que "en 1953, el año que fue concebida, el príncipe Juan Carlos y María Gabriela de Saboya "estaban en un crucero en el Agamenón" y habían tenido una relación de la cual ella sería fruto". Se trata, como todo el mundo sabe, de los cruceros que organizaba la reina Federica con gente de la realeza para que codearan y surgieran matrimonios. Si puede ser una mentira -¡pero cómo una mentira tan expuesta puede exirtir!- que María José de la Ruelle tenga por padres los que sostiene tener y que fácilmente puede negarlo la Zarzuela, si la primera en ello es la Saboya, parece, en cambio, revestir verosimilitud el caso de la dos recientes demandas de paternidad que gravitan sobre el ex jefe del Estado español, don Juan Carlos de Borbón y Borbón. Ya veremos si continúa con el mismo, inconcebible por sumamente injusto, privilegio de ser invunerable ante la ley; pero lo que la Constitución no puede concederle es que no resulte afectada su conducta por la sociedad, que, indubitablemente, puede decir y actuar contra él. Y a la prueba me remito; ya hemos visto, y he apuntado, que ha tenido que abdicar contra su voluntad.
- Montesquieu -
Hiere al ciudadano con verdadero sentido de la justicia que pueda haber un individuo que sea intocable, no ya como infanta, incluso como rey. Y le ha habido y continúa habiéndole. ¡Y España se considera, y es considerada, como un país de Derecho! Vemos atónitos en muestra Carta Magna el irrazonable artículo 64.2 del que se viene hablando y recriminando hasta la saciedad -incluido quien suscribe-, estando ahora en candelero con motivo de cambio de rey, el hecho de que debe existir ahora la posibilidad de ser llevado ante los Tribunales de Justicia el rey Juan Carlos I, como un ciudadano más, una vez que ha dejado de ser soberano del Estado. He aquí la fotografía de los supuestos hijos que le reclaman su derecho de paternidad.
| Demanda de partenidad tiene interpuesta por Ingrid Satlau, belga, y por Alber Solá catalán. |
Ahora que la Ciencia resuelve este problema con toda facilidad y veracidad, plena garantía, lo que no ocurre con la investigación histórica, que en tantos errores ha incurrido y puede incurrir, nada más fácil que aceptar la prueba, si el demandado quiere probar que lo es injustamente, el negarse indica a todas luces su culpabilidad. Es muy distinto decir que eres hijo, y otra llegar al extremo de poner una demanda. Desde un principio tuvo el deber de defenderse -no fue Urdangarín al Juzgado de Mallorca a "defender su honor", como dijo a la prensa-, de dejar probado que no son hijos suyos. Temió tanto el ADN como cuando no quiso que se hiciera en torno a la descendencia de Carlos IV.
Una hija implícitamente admitida.
José María Zavala, en "BORBONES Y BASTARDOS, Los hijos desconocidos de la dinastía", Plaza & Janés 2011, escribe algo que es conocido y no carece de bastantes comentarios
En 1989, Olghina di Robilant rompió sus cuarenta largos años de silencio, necesitaba probablemente dinero.
El semanario milanés Oggi salió así, el 13 de septiembre de aquel año, con una sensacional exclusiva que removió, como una precisa carga de profundidad, los cimientos de La Zarzuela.
¿Qué decía Olghina di Robilant en aquella entrevista?
Esto mismo: "El rey de España es el verdadero padre de mi hija. Hoy puedo declarar tranquilamente que hubiera podido arrastrar tranquilamente a Juan Carlos a los tribunales, pero hubiese comprometido su futuro".
Nueve años después, Juan Balansó y yo recordábamos aquella misma expolosiva declaración de Olghina di Robilant, mientras almorzámos en el restaurante madrileño La Fonda.
Balansó estaba convencido de que Paola, la discreta chica que fijó lejos de España, era quien era. / Meses después en su libro Los diamantes de la corona un elocuente párrafo que resume más o menos, con la cautela propia de la letra impresa, lo que ambos comentamos entonces.En efecto lo corrobora Balansó, y Zavala no deja de consignarlo, de esta forma:
La supuesta hija del Rey, Paola, muy bella y distinguida, con la mirada clara, trabaja en una universidad norteamericana. Dos años antes de esta sorprendente manifestación, la cual acabamos de reproducir [la cual acabamos de reproducir], la condesa de Robilant no había tenido reparos en publicar, tanto en Italia como en España, varias cartas de amor a ella dirigidas por el entonces príncipe. Pero la declaración sobre la paternidad de su hija resultó, cuando menos, inesperada y no fue desmentida por la Zarzuela. El caso no merecía mayor atención de no haber nacido Paola Nicolis en 1959 (es decir, cuatro años antes que la infanta Elena), lo que la convertía en primogénita de don Juan Carlos.Anota Zavala que, efectivamente, la Zarzuela jamás desmintió las declaraciones de Olghina, y, en cambio, sí lo hizo de las emitidas por María José de la Ruelle, que sostiene ser hija natural de la princesa María Gabriela de Saboya, el gran amor de Juan Carlos de Borbon, de los cuales escribe Jaime Peñafiel: Eran altos, rubios, de ojos azules, católicos, y también compartían las mismas aficiones: la equitación, la caza y los coches. [...] A Franco, como le confesó a su primo Francisco Franco Salgado Araujo, no le gustaba María Gabriela porque era "excesivamente libre y tenía ideas demasiado modernas. Se produjo la ruptura del noviazgo con el entonces don Juanito, por imposición de Franco, en 1961. Y se relacionó con el rejoneador Ángel Peralta, Nicolás Franco (hijo) y con el conde Pablo Nicolis de Robilant, su pariente; tuvo, en fin, esta hija de Umberto II de Italia una extensa y conflictiva vida amorosa que ahora no viene a cuento.
El alegato De la Ruelle le calificó la Zarzuela de "infundio que carece de fundamento" -obviamente todo infundio carece de fundamento-, mas ella, con su abogada, Dominique Rémy, insiste en que es "hija natural del rey de España". Manifiesta como detalle que "en 1953, el año que fue concebida, el príncipe Juan Carlos y María Gabriela de Saboya "estaban en un crucero en el Agamenón" y habían tenido una relación de la cual ella sería fruto". Se trata, como todo el mundo sabe, de los cruceros que organizaba la reina Federica con gente de la realeza para que codearan y surgieran matrimonios. Si puede ser una mentira -¡pero cómo una mentira tan expuesta puede exirtir!- que María José de la Ruelle tenga por padres los que sostiene tener y que fácilmente puede negarlo la Zarzuela, si la primera en ello es la Saboya, parece, en cambio, revestir verosimilitud el caso de la dos recientes demandas de paternidad que gravitan sobre el ex jefe del Estado español, don Juan Carlos de Borbón y Borbón. Ya veremos si continúa con el mismo, inconcebible por sumamente injusto, privilegio de ser invunerable ante la ley; pero lo que la Constitución no puede concederle es que no resulte afectada su conducta por la sociedad, que, indubitablemente, puede decir y actuar contra él. Y a la prueba me remito; ya hemos visto, y he apuntado, que ha tenido que abdicar contra su voluntad.





