sábado, 19 de mayo de 2018

Un libro más comentado que leído, al menos detenidamente, y que ha de digerirse sin tendenciosidad. - Fragmentos claves del mismo. ( I )

'Adiós Princesa' no es ningún libelo, en cuanto a escrito en el que se denigra e infama a alguien o algo. No habla David Rocasolano denigrando a su prima materna, se limita a exponer su etopeya, o sea, a describir el carácter, índole y costumbres de ella. lo que de bueno y de malo tiene como cualquier otra persona del origen y linaje que fuere. Lamenta, esto sí y grandemente, el cambio que experimentó tras el logro de su cuento de hadas. No existe, quiero rematar, un ataque sistemático contra alguien de su familia, sino mención de lo que cada uno, tanto en los Ortiz como en los Rocasolano, tiene de positivo y de negativo en él y en las circunstancias de su vida; en definitiva, no hay panegírico ni libelo. hay ecuanimidad y verdad. Las amargas que afectan a su prima las demuestra documentalmente.  Reafirmado esto, diré de entrada que lamenta el engreimiento y dominio dictatorial a que, referente a la familia ha llegado su pariente, lo que ha causado distanciamientos en el seno de la misma. No soportando él tal dominio autoritario, determinó decirle: 'Adiós Princesa'.

La obra tiene esta dedicatoria: 'Para mis hijos, por si algún día este libro les ayuda a comprender cuánta hipocresía sustentan algunas historias de amor y de Estado. / Para Erika'. 

La institución de la Monarquía. 

La realeza no es más que una enorme ruina
que se derrumbará a la primera tormenta. 
     - archiduque Rodolfo de Habsburgo -  

Además de ruinosa para un país por lo costosa que resulta económicamente -hay que tener a cuerpo de rey no solo a éste sino a toda su familia-, es también quiebra, decadencia, destrucción en otros aspectos y valores. Aunque refractario a la monarquía, no hay nada nuevo en su criterio sobre la misma. 

Con referencia a los monarcas que hemos conocido, y él, natural y lógicamente ha tratado de cerca, habla bastante mejor de su primo político, Felipe VI, que del rey emérito. 
Cuando conoces alguien así, del que has leído cientos en cosas en todo tipo de publicaciones, siempre te pica una cierta curiosidad malsana para confirmar si la prensa especializada en realeza se inventa la mitad de las historias, como pude comprobar, o no. / -- Oye, Felipe. ¿Y tú, de verdad, eres del Atleti?. --Que va. Eso es un sambenito que me han puesto. Pero a mí me da igual. No me  gusta nada el fútbol. [...] Acabé comprobando que es cierto. No conoce el nombre de ningún jugador. Ni creo distinga la liga de la copa.
Expone Rocasolano literalmente: Yo, aparte de  simpatía por él, sentía cierta fascinación por conocer cómo había sido su formación académica, militar, vital. Y lo bombardeaba a pregunta. El dialogo que sigue enaltece al entonces príncipe:
-- Bueno, sí,. Pero no te creas que he hecho tanta cosas. Yo no he hecho la carrera militar, o las demás carreras, como las hace cualquiera.
-- Bueno, pero algo de idea tendrás. Eres licenciado en Derecho y Económicas. 
  -- No, hombre. Pero no es lo mismo que en tu caso, por ejemplo. Yo tenía un tutor para cada cosa. Tampoco haces exactamente la carrera. Te centran en asuntos puntuales que tienes que conocer. Por ejemplo, Derecho Internacional Público... Yo no estaría capacitado para ejercer de abogado ni para dar ninguna clase de economía a nadie. 
A continuación de esta conversación manifiesta su interlocutor que se le puede considerar una persona culta: Aclara: No hablo de cultura libresca, ya que no es nada aficionado a la lectura. dice. Lo basa en sus experiencias, viajes, etcétera. 

En cuanto al noviazgo de su prima con el príncipe Felipe su escepticismo fue insuperable.
Letizia nos empezó a hablar de un misterioso diplomático llamado Juan con el que mantenía una relación. Un tío importante del que no podía desvelar la identidad. A veces nos informaba vagamente de que había pasado el fin de semana con él en Lausana. O en Chipre. O en Nueva York. 
Poco después reveló a su primo y a la pareja de éste la verdad, porque les quería conocer.David no acaba de creerlo y su incredulidad se la expone crudamente a - 'Pues eso. Le va a echar unos polvos y adiós cristiana. Pero no; aparte los anticipos matrimoniales de mayor cuantía, terminó en Palacio, primero en el del príncipe heredero, después ocupando el trono con él. 

Nada agradable la vida en Palacio ni 'El Campechano'. :

En más de un lugar del libro comenta la vaciedad de las conversaciones de Palacio. 'Jamás se habla -escribe- de política en Palacio. [...] Sospecho incluso que, en sus conversaciones a solas, Letizia y Felipe jamás se refieren a estos temas.. En primer lugar, porque a Letizia nunca le ha interesado la política.. Ni siquiera creo que la comprenda. Su discurso, en este sentido,, fue desde siempre bastante impropio de una persona que se dedica a la profesión periodística. Se limitaba a generalizar y a decir los tópicos habituales: que todos los políticos, del color que sean, están ahí sencillamente para chupar del bote. Que los Sindicatos viven de la jeta y de la subvención... Y extendía esta idea, cómo no, a los miembros de la Casa Real. Hasta que conoció a Felipe, por supuesto'. 

El rey emérito le resulta menos agradable, declara sin ambages que El rey es un mal educado. El rey pasa de todo.  Escribe seguidamente:  
He leído y escuchado en muchos sitios que Juan Carlos mantiene una relación poco cordial con Letizia. Que se llevan mal, en resumen. Yo no lo percibí nunca así. El trato que el rey le dispensa a Letizia es parecido al que le ofrece a Sofía, a sus hijos o a sus nietos. En las numerosas ocasiones en las que los he observado, jamás he visto de Juan Carlos un gesto de cariño  o afecto hacia su hijo. Ni hacia nadie. Juan Carlos trata a todo el mundo por igual, no debe ser clasista, con una indiferencia y un desdén tan palpables que impresionan Como si estuviera por encima del bien y del mal y de nosotros. Como una deidad a un insecto. Da la impresión de que se ha creído su papel , de que ha interiorizado que que es un ser superior que merece el vasallaje, y va por la vida luciendo una displicencia absoluta, un desinterés indisimulado hacia todo lo que no sea él. Letizia lo asume y le llama majestad. Yo me limitaba a tratarle de usted . Las palabras majestad o alteza me resultan malsonantes. 
Más adelante perfila la pintura con estas líneas:
Pero, evidentemente, Juan Carlos no es una persona brillante. Nunca le he escuchado hablar en profundidad de ningún tema. Su discurso se limita al chascarrillo . A la ocurrencia banal. [...] Jamás he visto al rey, ni a cualquier otro miembro de la familia real, con un libro en la mano. 
El subrayado es mío, bien vale la pena, y en verdad que es de pena, tener que leer esto, que ello sea cierto, ya algún otro ha asegurado que el don Juan Carlos no ha leído un libro en toda su vida. 

¿Es amable, sencillo, llano, cordial, don Juan Carlos? Ya vemos que no, según el autor. No obstante es denominado El Campechano. A tal adjudicación escribe, en  'Pieza 25', Pilar Urbano. .
No es precisamente ese tipo campechano y simpático que la gente creía. ¡Ni hablar!. Las bromas podía gastarlas él, , no tú; y había que andarse con tiento para llevarle la contraria. De puertas adentro, el Rey era un señor geñudo, pagado de sí mismo, egoísta y mandón, un capitán general de ordeno y mando, déspota con el servicio, sin distinguir entre camareros, chóferes, ayudante de cámara, edecanes civiles o ayudantes militares de alta graduación. De humor cambiante, un día eufórico, y otro día irritable. Despectivo y hasta grosero a veces, con la Reina. Y con un ego de rey que ni su hijo Felipe lo aguantaba.       

Tan imparcíal es nuestro autor  que no  vacila en romper un elogio de tinte cortesano a su prima. 
Uno de los mitos más divertidos que ha ideado la prensa lacaya sobre mi prima es el de la voraz lectora. Mi prima no ha leído jamás otra cosa que periódicos, algún best-seler o los libros que le obligaron a leer en el colegio y en la facultad. Durante el tiempo que yo trabajé en una conocida firma editorial, era frecuente que le regalara algún clásico ruso, recuerdo 'Guerra y Paz' o alguna reedición lujosa de literatura americana. Digo lujosa porque yo era consciente de que el libro iba a ir directamente como adorno a una estantería, ya que a Letizia jamás la iba a arrebatar el impulso de leerlo. 
Otro de los mitos, alude, es el de los Ortiz-Solano multiculturales y conocedores de idiomas, y aclara que el elegir Letizia el país de México para hacer un doctorado, que nunca terminó, fue debido al idioma. 

Doña Letizia cuando era la la Sra. Guerrero.

De toda la familia real y de la ellos plebeyos del que mejor habla es de Alonso Guerrero, primer marido de Leizia, nos informa a la edad de diecisiete a dieciocho años inicio su prima el noviazgo con el él, que tenía unos treinta. Era profesor de Literatura en el instituto Ramiro de Maeztu, de Madrid, y textualmente escribe: 
Y no me extraña que se quedase fascinada por aquel tío, Alonso es un erudito, un letra-herido. Creo que no he conocido jamás a nadie con una cultura tan vasta y de tanta hondura. [...] El único de todos nosotros que podía, y más o menos, mantener una conversación a nivel de Alonso, era el tío Chus. Y aun así, en evidente inferioridad de condiciones. [...] Anticlerical furibundo, no se cómo valorará la conversión al catolicismo más purpurino de su ex mujer Letizia. Presiento que con una ironía distante.[...] Su noviazgo duró casi diez años, pero estuvo jalonado de innumerables rupturas. Vivían juntos, se separaban, se volvían a reconciliar, se daban tiempo...
Ella se fue a México y al volver... Continuemos leyendo.
no tardó mucho en regresar con Alonso. Se compraron un piso en la calle Madrid, continuaron su extraña y desigual relación maestro/alumna y, en el verano de 1998, nos anunciaron su boda. Como todo el mundo sabe, se casaron por lo civil en Almendralejo . Y, como ya he contado antes, ese día algunos miembros de la familia nos enteramos de que Chus había decidido separarse de Paloma. Una boda agridulce. 
A letizia la separación de sus padres la resultó muy dolorosa, lo que no fue óbice para tomar ella la misma iniciativa con Alonso que su padre había tomado contra su madre. David Rocasolano lo refiere así:
Chus presentó demanda de separación, con la aceptación de Paloma, el 16 de febrero de 1999 en el Juzgado de Primera instancia e Instrucción número 2 de Arganda. El mismo Juzgado en el que Letizia y Alonso presentarían la suya el 19 de octubre de del año 2000  
Presenta el libro la mentira que se propagó referente a los documentos de Letizia al exponer:
De aquellos papeles, su sentencia de separación y divorcio, su convenio, su certificado de matrimonio, jamás se entregó copia a nadie, ni se guardaron en una caja fuerte bajo ninguna llave. Ni el CNI, o el CSI, pidió copia alguna,, ni ningún agente 007, al servicio de ce su majestad, intervino para solicitármelos.. Cuánto ridículo debe sentir algún periodista y afamado investigador leyendo estas palabras. Todos aquellos papeles siempre estuvieron custodiados en una caja archivadora de un sótano, protegidos por un candado de cinco euros, muy cercano a la plaza Marqués de Salamanca. De la misma manera que los papeles de muchos de mis clientes.
 Inconvenientes para la segunda boda de su prima. 

Se quebranta en España, que no en algún otro país, los cánones de la monarquía en cuanto a bodas reales. Por ejemplo, en Noruega el actual monarca, Harald V, rompió, siendo príncipe, la proyectada boda con doña Sofía de Grecia para casarse con  Sonia Haraldsen, hallándose dispuesto si no se le permitía esta boda morganática a renunciar al trono,. El hijo de ambos, el príncipe Haakon Magnus se casó también con una chica no de sangre azul  y, lo que es peor en las normas monárquicas, con un turbio pasado. Mette-Marit aportó a su matrimonio con el príncipe un hijo de soltera que tuvo con su primer novio Morten Borg, llamado Marius Borg, y con su marido tiene a Alejandra y a Svene Magnus. (Sobre todos ellos ya he tratado en algún artículo anterior). Veamos lo que ad pedem literae, al pie de la letra, dice Rocasolano.
De todos es sabido que Juan Carlos y Sofía se opusieron frontalmente, desde el principio, a que Felipe se casara con una divorciada. Y solo la amenaza firme de Felipe, dispuesto a renunciar a la sucesión para casarse, logró que Letizia acabara en Palacio O eso es lo que se ha contado. Pero ahora estábamos hablando de un aborto, de la Iglesia, de Rouco Varela. 
Letizia siempre acudía a su primo para asuntos familiares, mas en esta ocasión lo efectuó con ansiedad, y no dejó de ser deus ex machina, Le telefoneó para citarle, porque se trataba de algo -le expuso- muy íntimo, acudió y se encontró con Felipe y ella. Se trataba del aborto voluntario que hacía un año le habían practicado en la clínica Dator, de Madrid,. Ambos le urgieron  a encargarse de hacer desaparecer la documentación referente a tal intervención. Aceptó tratar de hacer el 'milagro' que le pidieron, a pesar de lo que tenía de engorro y arriesgado. Porque a su parecer.
En cierto modo Felipe estaba traicionando al rey y a la reina. Ocultando unos hecho que, si en el futuro salían a la luz, podían complicar la sucesión. Estábamos dando un pequeño golpe de Estado íntimo y muy arriesgado. No, no me sentía nada cómodo. / Don Felipe de Borbón carecía de personas de su total confianza a las que encomendar un asunto así. 
Supone que el padre fue el periodista David Tejera, ex novio de ella, con el que comparte buenas relaciones y piensa que nunca hubiera hecho revelación de ello contra su prima, pero nada le dice. 'Tiempo después -escribe- supe que Letizia había actuado a espaladas de David, a quien nunca confesó su embarazo.  

Refiere el autor cómo realizó tan delicada y expuesta gestión y lo pendiente que de la misma estaba Letizia, telefoneándole a diario, Y la última llamada: 
-- Gracias, David, -suspiró aliviada-. No sabes cuánto te lo agradecemos- el plural que utilizó me sonó ya a plural regio: <La Reina y Yo>, <Felipe y Yo> 7 -- No te preocupes, Letizia. No vemos pronto. - lo que desde luego no sabía Letizia  que yo no necesitaba plurales. Lo había hecho por ella. Sin Felipe ni príncipe.
Los amigos del príncipe.

De éstos no habla muy bien, que digamos. Los llama 'Los oligarquitos' (capítulo X) y empieza diciendo: 
Los amigos del príncipe son unos imaginarios y risueños que viven en los Mundos de Yupi. Se les conoce porque siempre están riéndose de alguien no de algo., jamás se les ve con un libro o un disco en la mano. [...] Durante todos los años en que he frecuentado sus ambientes no recuerdo jamás haber    [...] Pero quien se lleva la palma, de todos, es el famoso Coco Gómez Acebo, sobrino del rey. Es un tío esmirriado y enfermizo a causa de un tabaquismo que ya le ha obligado a varias operaciones de pulmón, y absolutamente vacío.
Narra varias de sus hazañas, que no son similares a las del Cid, ciertamente.Veamos lo que dice de la estéril vida de todos ellos.
Cuando los oligarquitas no estaban de viaje o pasando unos días donde fuera, siempre había una fiesta esa noche en casa de alguien. [...] Y tengo que recocer que que, al principio, tampoco a Patricia y a mí nos disgustaba asistir. Todo era nuevo para nosotros. Yo tenía además el aliciente de ir viendo las transformaciones de mí prima Letizia. A Telva todo aquel mundo ficticio la fascinaba. Había entrado a formar parte de él por la puerta grande y no esta dispuesta a regresar. Pero Letizia...
Presenta así el radical contraste.
Los amigos de Felipe representaban todo lo que Letizia detestaba antes. La hipocresía, la falta de compromiso, el ocio como lugar de trabajo, la más absoluta frivolidad, el desdén hacia los que no son de tu clase, el arribismo, la estupidez. Pero su capacidad de adaptación es digna de de estudio científico.
Yo le diría: 'Bueno, David, ya sabes que París bien vale una misa. Enrique IV dejó de ser hugonote y se hizo católico. Este "milagro" también se operó en Letizia al poner, como refieres, la razón de, para no reuniros a comer, que era domingo y ya sabes que a las doce voy a misa. Aquí dice su primo:
Me quedé absolutamente anonadado. "Ya sabes". Lo que yo sabía es que Letizia no había pisado una iglesia desde su bautizo. Ni siquiera el día de su primera boda. 
Lo que toca en lo burlesco es que en estas reuniones, ese día en casa de Jaime del Burgo, cenando, surgió la discusión de si es lícito o no abortar si el feto presenta malformaciones. Leamos al autor.
Preferí no intervenir. ¿Para qué? Entonces Letizia abrió la boca. Letizia habla poco cuando se suelta es un torrente  y todo el mundo se calla para paladear sus opiniones. --Yo creo que un ser, cualquier ser que te mande Dios, debe ser respetado. Si a mí mañana me hacen una amniocentesis y descubren que mí niño esta mal, es que Dios quiere que ese niño venga así al mundo. Yo no lo dudaría. Lo tendría. / Felipe la escuchaba sonriente Letizia buscó la aprobación de todos con una mirada  fugaz que no se detuvo en mí. Yo, que había recuperado los papeles de la clínica Dator, le susurré a Patricia que nos íbamos. Que se nos hacía tarde. 
Por mucho que le extrañara a David Rocasolano la salida u ocurrencia de su prima, se ha de convenir en que como princesa consorte de un Príncipe de Asturias no podía tener emitir otra opinión, 
                                                                                                                         

viernes, 11 de mayo de 2018

Más sobre el desconcierto y desbarajuste, en Santa María la Real de Nieva (Segovia), del falso sepulcro y de la propiedad de lo que queda del monasterio



Verdaderamente que deja desconcertado lo que ocurre, al descubierto lo que sorprende: la continuación, a lo largo de casi una década, de la mentira del sepulcro y el que se ignore la titularidad de propiedad del monasterio. Si es improcedente que no se tape la inscripción del falso sepulcro ni se borren las inexactas líneas, al respecto, de la página web del Ayuntamiento, no lo es menos que en su edificio se pusiera esta pancarta: ‘El claustro es  del pueblo’. ¿Pero por qué? ¿Por qué lo dice el alcalde? ¿Cuál, el anterior, recientemente fallecido, o el que preside el Ayuntamiento ya en segunda legislatura? Ni el anterior demostró la propiedad ni el actual, y la diócesis, que tampoco tiene posibilidad de ello, en la figura del sacerdote de la localidad, y desde que lo es a principio de este siglo XXI, viene instando a esta aclaración. Ello, obviamente, crea una fisura entre el párroco, la parroquia, y el municipio, que es decir entre los habitantes del pueblo como feligreses y como tales vecinos. A lo que parece, y según el letrero, el pueblo quiere, contra el obispado, ser el propietario. Debe ser lo que revele la Historia; lástima que en este caso no sea aplicable el ADN que resuelve las dudas de ésta.      

Colocación indebida de la pancarta


No es así como tiene que demostrarlo el alcalde al cura párroco, sino documentalmente. Claro que documentalmente quedó demostrado que los restos no son de quien dice la placa y, no obstante, tanto uno como otro no corrigen la mentira. Que ésta, aun habiendo sido desmentida, persista, les importa un bledo al elemento eclesiástico y al civil, político administrativo, mas a  ambos les atrae sobremanera la propiedad material.      
    
Si la mentira del sepulcro de Blanca I de Navarra ha echado raíces, como tenemos a la vista, pues hay que sacarla de raíz, o sea, según su locución  adverbial, ‘desde los principios y del todo, quitando los inconvenientes que pueden resultar de algo y la causa de donde provienen’. Estos inconvenientes y su motivo los tengo harto comentados y aclarados. Ahí, en el presbiterio de la iglesia del pueblo se encuentra el engaño, y es increíble que éste haya calado hasta en Información y Turismo. Yo me he visto obligado, en mi lucha contra esta tergiversación de la Historia, a dirigir a la Oficina de Segovia, sita en la Plaza Mayor, número 10, el correo-e siguiente:

Asunto: Aleccionamiento a esa oficina para tratar rectifique un error en su información.

 Buenas tardes.

Con relación al correo electrónico que la dirigí el 18 de marzo retropróximo, le remito mis dos últimos artículos sobre la mentira del sepulcro de Blanca I de Navarra con la finalidad que manifiesto como ‘asunto’ en esta nota.

Ha de entender usted que no se trata de que yo me dirija al Ayuntamiento del pueblo donde propagan dicho infundio –algo que ya he hecho hasta la saciedad-, sino, sencillamente,  de que se informe con conocimiento de causa. ¿Cómo puede ser posible que  se hallen ignorantes en Turismo de Segovia, y en general de Castilla y León, de que la señalada mentira quedó desmentida? Se publicó a los cuatro vientos y por todos los medios de información.

Espero y deseo serle/s útil-

Atentamente.

Ni que decir tiene que actué y actuaré siempre movido de mi amor a Clío y de mi amor a la verdad, que ésta no la representa una musa, sino el mismo Jesucristo, vengo presentándosela a quienes la ignoran y a quienes afectan ignorarla. Me resulta abstruso creer que puede haber de los primeros, dado que en el plano de la información no estamos precisamente en la Edad Media, hoy día hay periódicos, televisión e Internet, y por estos tres medios informativos se dio la noticia de que <el estudio genético verificado al Príncipe de Viana demostró que los restos atribuidos al Príncipe de Viana y a su madre, la reina Blanca de Navarra, son  falsos. Así  lo  determina un
estudio genético presentado ayer en el Monasterio de Poblet.> Transcribo la noticia surgida el 10 de septiembre de 2008.

Tras defraudarme la errónea información –el que no tuviera la debida-  que descubrí en dicha oficina, y aunque nada he encontrado sobre ello en la instalada en la Plaza de Azoguejo, he cursado a ésta, a falta de encontrar su e-mail,  dos cortos mensajes, ateniéndome a la opción que al respecto dan. He aquí los mismos:

→ No informarán de que en Santa María la Real de Nieva se halla el sepulcro de Blanca I de Navarra. Expongo a esa oficina e turismo, ubicada en el Azoguejo, lo que ya hice a la de la Plaza Mayor. Denme su correo-e y les ilustro sobre ello.

→ Los restos del arcosolio del presbiterio de la iglesia de Santa María la Real de Nieva NO PERTENECEN a Blanca I de Navarra, según quedó demostrado el 9.9.2008 por la prueba de ADN mitocondrial

Un saludo. 

No han correspondido a mi saludo, mas tampoco están obligados a ello. A lo que, evidentemente, están obligados es a informar correctamente, libre de errores, tanto menos tratándose de errores de ignorancia supina.

Tal ignorancia supina, es decir ‘ignorancia que procede de negligencia en aprender o inquirir lo que puede y debe saberse’, es lo que me dejó estupefacto en el director de la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce –antes, como todos los segovianos saben, Universidad Popular Segoviana- y, para más INRI, burla en cuanto a desinterés por un tema de historia relacionado con la provincia. Él sabrá porqué, tras contestarme y prometer informarse y seguidamente darme una respuesta concreta, ha impuesto silencio. Cierto que, como dice Ortega y Gasset, ‘el hombre es él y sus circunstancias’, así me inclino a ser indulgente con el aludido; como ya he dicho en otra ocasión, tal vez se encuentre en una encrucijada, en la acepción de no saber qué conducta seguir. O de verse obligado a seguir una, aunque sea contraria a su voluntad. El director de dicho centro cultural no puede admitir de grado, voluntaria y gustosamente, una mentira flagrante de la historia segoviana, la cual para colmo ha sido probada por la Ciencia, lo que implica serlo de una manera inequívoca.

Yo quisiera saber dónde radica actualmente el defensor de la mentira del sepulcro, lo que sé es donde está el venero, u origen y principio, de donde procede el sostener a lo loco, con inconsciencia, sin reflexión, la indocumentada afirmación del sepulcro, y ya para colmo rebelándose contra la Ciencia. Y mis lectores también lo saben porque mucho me he quejado de ese dúo de osados: el anterior alcalde y el cronista que nombró, de los ridículos escritos que uno y otro publicaron en la prensa local, concretamente, en El Adelantado de Segovia y en El Norte de Castilla, respectivamente.

La inexpugnable conducta.

No hay asunto alguno en las cosas
humanas que no pueda convertirse  
en  daño  o en  provecho,  según lo
maneje  la  prudencia.
    - José Cadalso, ‘Cartas marruecas’ -     

Únicamente puede tener atenuante este episodio creado por el incompleto esqueleto de mujer, encontrado al efectuarse una obra de albañilería, cuando nada verídico se sabía sobre el mismo y entonces el alcalde, el cronista y sus seguidores, todos historiadores, sostuvieron con una firmeza que distaba enorme distancia de ser razonable, admisible, asequible, haberse encontrado los restos de Blanca I de Navarra. Después del pronóstico dado por el Dr. José Manuel Reverte Coma no cabía sensatamente decir que pertenecieran a dicha reina, pero, no obstante, contradiciendo lo que más bien fue de pronóstico reservado, es decir, ‘de dudoso resultado o que presupone un desenlace peligroso’, los artífices de la farsa continuaron la representación de la misma.

Ya es la reoca en sentido peyorativo, sin que quepa mayor absurdo, o hecho irracional, arbitrario, disparatado, que tampoco rectifiquen ante el resultado del ADN, que, como les expuso el citado antropólogo, el si o el no lo dilucidaría esta prueba. A ella se asirían, lo agarraría fuertemente, de haberles resultado positiva, de haber acertado en su deseo, mas al serles adversa a su voluntad por obrar a la ligera y, por consiguiente, meter la pata se niegan a reconocerlo llevados de la soberbia.

Me recuerda estos versos de ‘Las mocedades del Cid’, de Guillén de Castro:
         Procure siempre acertarla
 el honrado y principal;
 pero si la acierta mal
 defenderla y no enmendarla.

Comentándolos dice Fernando Díaz Plaja, en ‘Los siete pecados capitales del español’: ¡Sostenerla y no enmendarla sabiendo que uno está equivocado! ¿En qué mente cabe esto? En la que valora más el corazón que el cerebro, la mente que no concibe rectificar porque es humillante…, la española, en suma.

Vamos a dejarnos de soberbia, de imposiciones, de exigencias desmedidas, de despotismo, en cuanto a ‘abuso de superioridad, poder o fuerza en el trato con las demás personas’ (DAE), procedamos con rectitud moral sin dar cabida al engaño, a la mentira, ni por parte civil, ni por parte, y aquí resulta más condenable, reprobable, eclesial. 
Recientemente leí la siguiente noticia: ‘CyL buscará los restos de los Comuneros y junto a Madrid y C la M conmemorará la primera revolución democrática europea ‘–Europa Press 22.04.18. Entiendo que se interesen en ello, lo que no puedo concebir es que no se den por falsos los del sepulcro de la iglesia del pueblo segoviano de Santa María la Real de Nieva una vez que lo demostró la Universidad de Granada y la UAB –Universidad Autónoma de Barcelona- . ¿A quién de Castilla y León corresponde poner fin al engaño, ordenando tapar la inscripción del arcosolio y borrar la inexacta información de la página WEB del Ayuntamiento? Debieron hacerlo ab inicio, desde el principio,  el cura y el alcalde  El primero me dijo que él no movía un dedo, que me dirigiera a la Junta, que es la que había actuado. En lo de la actuación de la Junta me descubrió el clásico Mediterráneo –nada más lógico y natural que la actuación de la Junta-. Creo yo que podían haber actuado por su cuenta, simplemente notificándolo, él y el alcalde, así como en caso de tener que solicitarlo uno y otro al gobierno autonómico éste no se lo hubiera negado al uno ni al otro, encargados de la parroquia y del municipio, respectivamente.

Parece mentira que algo tan débil como es mantener una mentira que ha sido desmentida esté resultando inexpugnable, siendo la verdad ocultada a lo somorgujo, mas pienso, reflexiono, con el emperador y filósofo romano Marco Aurelio, que ‘por no ser favorecida de los buenos y ser perseguida de los malos poder podrá la verdad estar algún tiempo a somorgujo y encallada; pero aunque pese a quien pesare al fin saldrá a buen puerto y tomará tierra’.

No se me puede reprochar que defienda la certidumbre que presenta la aplicación de la prueba de ADN mitocondrial para ver si eran auténticos los restos del Príncipe de Viana y que reveló no serlo como tampoco los de su madre, que me indigne no se enmiende la metedura de pata en que se incurrió respecto a ella, Blanca I de Navarra, con la precipitada cuanto irreflexiva erección de este monumento funerario                                                                             
cuya inscripción procedente de un engaño es, a su vez, engañosa, artificiosa, irreal, ilusoria. Ya no cabe engañarse y en cuanto a engañar solo es posible al iletrado, y aun así relativamente teniendo en cuenta que existe el medio de difusión fonético, es decir la televisión.

Cuantos visiten mi blog pueden seguir fácilmente mi rebelión contra la falta de respeto a la verdad de la Historia en el pueblo del falso sepulcro y la capital del mismo. Y para mayor falta de sindéresis, discreción, razón, cordura, desestimar –a las pruebas me remito- la Ciencia. Le invito a pensar al párroco en cuestión en esta afirmación de Albert Einstein: ‘La ciencia sin religión es coja y la religión sin la ciencia está ciega’. Y al alcalde en este aserto de Bertrand Russell: ‘Los científicos se esfuerzan por hacer posible lo imposible. Los políticos por hacer imposible lo posible’. En todo caso es increíble e inadmisible que contra la sentencia de la Ciencia, que siempre es definitiva,  se persista en la ficción. Déjese ya la invención del anterior alcalde y sus acólitos; déjese ya de fingir.


  

           
      

jueves, 3 de mayo de 2018

Pinceladas a la relación familiar de los reinos peninsulares. Se relacionaban más bien mediante la guerra

Cada cultura  ha tenido un referente: los
griegos, el hombre; la Edad Media, Dios.
Ahora  el dinero. Para mí el referente es
la vida. Hemos recibido una vida y vamos
a vivirla hasta el final.
            - José Luís Sampedro -                                                                          


La Edad Media es, como la denomina el medievalista Marcelino Menéndez Pidal, 'la España de los cinco reinos'. Coronas de Castilla, Aragón, Portugal, Navarra y el emirato de Granada. Entablados continuamente en guerras, Navarra con la guerra de las Navarrerías, Castilla con la de Alfonso X el Sabio y su hijo Sancho. Que si sucedía al primogénito del rey, Fernando de la Cerda, Sancho, segundo hijo, o los <infantes de la Cerda> se lió la contienda entre padre e hijo. Alfonso X, sabio pero no muy político, se inclinó a Sancho, mas su esposa, doña Violante de Aragón, y Felipe III de Francia le disuadieron en parte. Decidió dar, en compensación, el reino de Jaén al mayor de los hijos de Fernando de la Cerda. Sancho y gran parte de la nobleza del reino se rebelaron a ceder la menor parte del reino y desposeyeron a Alfonso de sus poderes, aunque dejándole el título de rey. Murcia, Badajoz y Sevilla permanecieron fieles al rey, que maldijo y desheredó a Sancho. Con ayuda de los benimerines iba rehaciendo su posición, nobles y ciudades rebeldes iban abandonando a Sancho, cuando muere el Rey Sabio en Sevilla en abril de 1284. Sancho IV de Castilla, llamado el Bravo, que a partir de entonces reinará hasta 1295 en que prepara un ataque contra Algeciras. Unido a María de Molina, matrimonio que la Iglesia consideraba ilegítimo, la nombró tutora del hijo de ambos, Fernando IV de Castilla. Tuvieron también a Beatriz de Castilla, Isabel de Portugal e Isabel de Castilla. 

Fernando IV de Castilla, el Emplazado.  

Nueve años tenía de edad Fernando al morir su padre e iniciarse la regencia de su madre María de Molina, la cual implicó la anarquía de una larga minoridad. De un lado la nobleza negaba a Fernando la legitimidad aludiendo que el matrimonio de sus padres había sido anulado por el Papa a causa de parentesco; el infante don Juan se proclamó rey de Castilla; el infante don Enrique, hermano de Alfonso el Sabio, se considera regente y tutor; los infantes de la Cerda, desde Aragón, empiezan a reclamar pretendidos derechos, y los reyes de Aragón y Portugal se lanzan a invadir Castilla, en tanto los pueblos, en defensa de los atropellos de la nobleza, formaban las primeras Hermandades o Comunidades. 

He aquí como un viejo texto lo refiere:
El trono de Fernando IV retemblaba, y hubiera caído al rudo embate de tan contrarios elementos, si no tendiera sobre él sus alas protectoras el espíritu fuerte y valeroso de su madre doña María de Molina. Procuró esta ilustre princesa conjurar ante todo los peligros exteriores, y para ello desarmó al rey de Portugal concertando el matrimonio de una de sus hijas con el joven Fernando, y satisfizo al de Aragón señalando a sus protegidos los infantes de la Cerda una renta decorosa. Para calmar la agitación interior, dio la regencia al infante don Enrique. Obtuvo del Papa la legitimación de su hijo.
Tal logró con Bonifacio VIII, bula que por fin legitimó su matrimonio, dio al traste con el hándicap matrimonial. Y, como dice un viejo texto,
... quitó su bandera a los rebeldes; y, sobre todo, buscó el apoyo del estado llano, siempre amigo y defensor de los reyes en la lucha contra el feudalismo. Presentó su hijo ante las Cortes de Valladolid, que juraron sostener la causa legítima, votando recursos con que atender a las necesidades del gobierno, y doña María de Molina pagó a los pueblos este apoyo con fueros, inmunidades y franquicias.
A los diez y seis años fue declarado mayor de edad, y dando crédito a hostiles rumores contra su madre de haber malversado fondos públicos, la obligó a presentar ante las Cortes de Medina del Campo cuentas de su administración. Resultó que había empleado bien los caudales de la nación, más aún, que había puesto parte del suyo, había vendido alhajas y fincas propias para atender a obligaciones perentorias y sagradas. 

Fernando IV de Castilla contrajo matrimonio con Constanza de Portugal y tuvieron a Leonor, asesinada por orden de su sobrino Pedro I de Castilla, a Alfonso XI y a Costanza, que falleció en la infancia. Continuó la Reconquista, apoderándose de Gibraltar. Dirigiéndose a sitiar la plaza de Alcahudete al pasar por Martos vio a dos hermanos, llamados los Carvajales, de quienes supuso eran los asesinos de un amigo suyo que fue dado muerte en Palencia. Ya sin más ni más los hizo asesinar arrojándolos por el derrumbadero llamado Peña de Martos. 


Al pasar a ejecutarse tales muertes, uno de los hermanos emplazó al rey para transcurridos  treinta días se presentara ante el tribunal de Dios a responder de su injusta sentencia. Al término de tal plazo murió, hay quien achaca que debido a una indigestión.  

Surge otra minoridad. El aludido texto expone:
La cuestión de regencia se planteó con tumultuoso carácter, pues eran muchos los que aspiraban a ejercerla, y no pudiendo resolver este conflicto las Cortes de Palencia, instituyeron hasta cuatro regentes, que fueron: Dª Constanza y Dª María de Molina, madre la una y abuela la otra del rey niño, y sus dos tíos los infantes D. Pedro y D. Juan, decretando que cada ciudad obedeciera al que tuviera por conveniente. Muertos poco después ambos infantes en guerra contra los moros, envalentonados con la situación anárquica de Castilla, y muerta igualmente la reina Dª Constanza, aparecieron nuevos pretendientes a la tutoría; y para colmo de males, Dª María de Molina sucumbió también al peso de los años y al golpe de tantas amarguras. Quedó Alfonso XI bajo la custodia de los caballeros de Valladolid, que se apresuraron a declarar la mayor edad del rey cuando apenas tenía catorce años.
Alfonso XI, el Justiciero y su hijo y sucesor Pedro I el Justiciero o el Cruel.

Contrajo Matrimonio con  María de Portugal del cual nació su hijo sucesor Pedro I. Su gran y continuado amor fue Leonor Núñez de Guzmán con la que tuvo diez hijos. Fue llamado el Justiciero por la energía que desplegó contra revueltas e intrigas mobiliarias, mas ello persistió en el reinado de su hijo y lo manejó contra él su hijo adulterino Enrique venciendo al fin a su medio hermano; contra la batalla de Nájera la del campo de Montiel. Pero antes derrotado en dicha primera localidad, Enrique pasó a Francia que simpatizaba con él, creó un ejército mercenario y con él volvió a Castilla capturando Calahorra, Navarrete y Briviesca, coronándose rey de Castilla y León. A Pedro ayudó el Príncipe Negro, Eduardo, Príncipe de Gales, para evitar que Castilla pasara a ser aliada -dentro de la Guerra de los Treinta Años- de Francia contra los intereses de los Plantagenet. Se combatió nuevamente en Nájera, Bertrand Du Glesquín, jefe del ejército francés, cayó prisionero, pero, fue liberado y se refugió en Francia. Aun cuando la victoria fue  rotunda, consideró el Príncipe Negro que nada se había logrado al no caer prisionero el príncipe Enrique. La guerra le era favorable a Pedro I, pero quejoso el príncipe de Gales porque no le eran pagados los gastos de la campaña y, por otra parte, repugnándole las sanguinarias venganzas que Pedro tomaba contra los derrotados, contrarias al código del honor de la caballería bajomedieval, abandonó la península. Esta actuación del inglés es discutible bajo la versión  a la versión que hace de ello el cronista Pedro López de Ayala. El rey, ya debilitado su ejército, fue derrotado en la batalla de Montiel y, refugiado en su  castillo, cayó presa de la consabida trampa. Al acudir a la tienda de Enrique se entabla pelea entre ellos, Pedro, mucho más fuerte, le tiene bajo él, pero Du Glesquin les da la vuelta diciendo: Ni quito ni opongo rey, pero ayudo a mi señor.


Avanzando la cronología,  surgió  con el asesinato del rey en manos de Enrique la dinastía Trastámara, dinastía usurpadora. Enrique II el de las Mercedes -hubo de hacer muchas  el Fratricida para mantenerse en el trono- se vió por su crimen atado de pies y manos contra el moro, contra la Reconquista. En el reinado de su hijo se rebelaron los Lancaster al  haber contraído matrimonio la infanta Constanza, hija de Pedro I y de María de Padilla, con Juan de Gante. La derrota de Juan I en la batalla de Aljubarrota, dada por él para ocupar el trono de Portugal que debía heredar su esposa Beatriz de Portugal, benefició a dicho Juan de Gante, hijo de Eduardo III de Inglaterra, que se alió a los portugueses contra los Trastámaras. No llegó a enconarse más las disensiones entre los Castilla, protegidos por los Lancaster, y los Trastámara, rama usurpadora, porque Juan I y el inglés concertaron el matrimonio de sus vástagos, Catalina y Enrique, respectivamente, creándose entonces el título de 'Príncipe de Asturias'. Fueron los primeros, pues, Enrique III y Catalina de Lancaster.  Ya Juan y Constanza habían sido reconocidos por el monarca inglés como reyes de Castilla. Se alió el inglés con el rey de Portugal, y se presentó en La Coruña con su esposa y la hija de ambos, Catalina de Lancaster.

La guerra de sucesión entre la nieta y la bisnieta de los primeros Príncipes de Asturias. 

Fue la guerra civil entre Juana de Trastamara y Avis, hija de Enrique IV y de su segunda esposa Juana de Portugal y Barcelos, por consiguiente, heredera del trono, y su medio tía Isabel de Trastámara. Ello es así porque Enrique es hijo único del primer matrimonio de Juan II con su prima hermana María de Aragón, mientras Isabel lo es del segundo, contraído con Isabel de Portugal, la que consiguió, de su enamorado marido, la desaparición, no ya de la política, que pudiera haber tenido alguna explicación, también de la vida,  del condestable don Álvaro de Luna y de la manera más cruel: Tras un simulacro de juicio, fue decapitado públicamente en la Plaza Mayor de Valladolid. No tardó mucho, y ya viuda, en convertirse la madre de Isabel la Católica en  la loca de Arévalo. En el castillo de esta localidad de Ávila la confinó su hijastro Enrique IV, al quedarse viuda,y en él sobrevivió a Juan II cuarenta y dos años. Se cuenta que algunas noches desde el río Adaja, que circundaba el castillo, se podía escuchar a Isabel gritar ¡Don Álvaro! ¡Don Álvaro! ¿Pesaría sobre ella el remordimiento?  Existe asimismo la versión de que la reina y sus hijos vivieron también en la villa; según los habitantes de Arévalo, en unos palacios hoy desaparecidos ubicados en lo que ahora es la plaza del Ayuntamiento. El castillo había servido antes de enclaustramiento de la reina Blanca de Borbón, esposa de Pedro I de Castilla. 

Según el P. Enrique Florez de Setien, en sus 'Memoria de las Reinas Católicas de España', falleció en Arévalo en el día de la Asunción de la Virgen, lunes 15 de agosto del año 1496, reinando ya su hija doña Isabel. Enterraronla en la misma villa de Arévalo, en el convento de San Francisco, donde se mantuvo ocho años y nueve meses, hasta que su hija doña Isabel la Católica la trasladó al real monasterio de Miraflores, de Burgos, para que descansase con el cuerpo del rey don Juan, su marido. Por alcanzar su existencia hasta 1496 presenció los dos no muy afortunados, que digamos, matrimonios de su hijastro el rey: el de Blanca de Navarra, siendo príncipe, y, ya monarca, el que efectúa con Juana de Portugal, prima de ella. 

Recordemos que se perdieron los restos mortales de la primera y de la segunda esposa de Enrique IV, enteradas en la iglesia catedral de Lescar  y en San Francisco el Grande, de Madrid, respectivamente, así como de su hija única, llamada Juana como su madre, destronada por Isabel y Fernando, enterrada en el convento de Santa Clara, Lisboa, y. si de él no la movieron, desaparecidos sus restos en el terremoto de 1755. Mejor suerte tuvieron los de su madre y los de él, que se hallan en el Monasterio de Guadalupe (Cáceres). Alguna bienandanza, aunque fuera post mortem,, después de la muerte, había de tener el desdichado Enrirque IV, víctima de la nobleza y de su medio hermana Isabel.                                                                            
Conoció Isabel de Portugal la guerra entre su hija, Isabel contra su sobrina Juana, hija de su hijastro, que es decir entre Castilla y Portugal, cuyo rey, Alfonso V de Avis, luchó a favor de su sobrina,  la que había de ser Juana I de Castilla, por Derecho, pero al perder la guerra los portugueses quedó usurpado manu militari el trono a la legal heredera. Ello tras las batalla de Toro (Zamora) 1476, y la de la  Allbuera, 1479, Esta guerra promovida por Isabel y Fernando duró de 1475, muerte de Enrique IV de Trastámara, a 1480 que la puso fin el Tratado de Alcáçorvas, firmado en esta localidad portuguesa. En ella vencieron los castellanos en tierra y los portugueses en el mar; en el Tratado se repartieron los territorios del océano Atlántico. Para Portugal Ginea, Elmina, Madeira, las Azores, Flores y Cabo Verde. A Castilla se le reconoció la soberanía sobre las islas Canarias. En la negociación de las Tercerías de Moura se planteó que Juana de Castilla, la rival de Isabel, tras renunciar a todos sus títulos castellanos había de optar por esperar posible matrimonio con el hijo de los Reyes Católicos o recluirse en un convento. (¡Cómo se trasluce aquí la usurpación del trono!) Para atar todo y bien atado, se acordó que la hija primogénita de éstos,  la infanta Isabel de Aragón, contrajera matrimonio con Alfonso, hijo único de Juan II de Portugal. 

Belicosa y religiosa Edad Media.