Pudo haber sido tabla de salvación su segundo matrimonio.
Aquella levantisca nobleza, prelados, señores, destruyeron su matrimonio, la compañía de su esposa y de su hija, compañía de ésta de que también había de verse privada entre ellas. Juana de Portugal tal vez hubiera cumplido su papel de esposa, pues que de tal modo empezó, y extendiéndole al de reina. Según Tarsicio Azcona, en "Juana de Castilla, mal llamada la Beltraneja", los nobles castellanos se enemistaron con la reina desde un principio, viéndola dedicarse a los negocios de Estado. Ella deseaba, contra la idea de ellos, casar a su cuñada Isabel con su hermano Alfonso V de Portugal -hubiera sido la manera de aclarar los nubarrones de la situación- y a su hija Juana con el hijo de éste, el Príncipe Perfecto, que sucedió al padre como Juan II. Era política de enlaces matrimoniales tendentes a la anexión de los reinos de Castilla y Portugal. Sostiene, asimismo, dicho historiador que el rey nunca quiso tomar osadía de varón para hacerse temer. Obvia y lamentablemente fue así, ni aún con la ayuda de la esposa... Y ella sin el apoyo de él... Estuvo siempre llamada a vencer Isabel ante un hermanastro tan abúlico y bondadoso.
Pudo tener doña Juana un segundo hijo de su marido pero el embarazo terminó en aborto. Se encontraba en el Alcázar de Segovia haciendo alguna labor, acompañada de sus doncellas; colocada junto a una ventana para mejor visión de su trabajo, con un sol fuerte que hacía y tras varias horas ocupada, cuando empezó a arder su cabellera -el cristal del ventanal había hecho "efecto lupa"-, empezó a dar gritos, a correr, despavorida, por la estancia. Sus doncellas apagaron el fuego de su pelo y la calmaron, mas el susto provocó el aborto del niño que esperaban ella y su esposo. ¿Hubiera sido el sucesor o hubiera corrido el mismo destino que la princesa Juana? Este no hubiera sido el Beltranejo, es de suponer. ¿A quién se le hubieran adjudicado aquella mala gente, empezando por la hermanastra regia? No hubiera cambiado la rebeldía, ya que su rectificación correspondía por naturaleza a ser impuesta por el monarca. Éste ni siquiera fue capaz de defender su matrimonio, sólo, como hemos visto, en alguna medida a su hija.
Es obra de indeclinable consulta sobre nuestro rey y su entorno el estudio que hace Gregorio Marañón, quien al respecto de tan desafortunada esposa no quiere -dice- terminar su libro, "Ensayo biológico sobre Enrique IV de Castilla y su tiempo -transcribo-:
No debió jamás don Enrique acceder a dejar como rehén a su bellísima esposa; ello fue en 1467 e impuesto por la facción enemiga con la que, también idebidamente, entró en negociaciones. Siguiendo Marañón hablando de la desventurada reina, hace estas consideraciones en el capítuloXVII:
... sin dedicar algunas palabras a otro de los personajes que hemos tenido que llevar y traer en esta lamentable historia. Me refiero a la Reina Doña Juana, la segunda esposa de Don Enrique. / Porque todos los actores de la tragicomedia que hemos resucitado han tenido en sus contemporáneos y en la posteridad adversarios y defensores. [...] Pero ante esta infeliz Doña Juana todos los juicios han sido unánimes; todos la condenan por liviana,y nadie le regatea un ápice de responsabilidad en aquel caos con que terminó la Edad Media en España. Y, sin embargo, nosotros desde nuestro plano de historiadores, no de la Historia, sino de la Naturaleza, nos descubrimos respetuosamente ante su tumba. Porque acaso fue en aquella Corte de pecadores la que tuvo más disculpas naturales para sus flaquezas; porque vivió y murió en la dignidad de la heterodoxia de su amor, y, al fin, porque fue la más desventurada -la "triste Reina", como ella se hacía llamar- entre todas las víctimas de un ambiente a la vez refinado y corrompido.Se inició este estudio en 1930, después en nuevas ediciones se incorporaron novedades -de la que me hallo en posesión es la decimoquinta -1998-, antes tuve otras-. Ya no puede decirse que Juana de Avis carezca en absoluto de defensores, así,por ejemplo,el historiador argentino Marsilio Cassotti escribió la biografía "La reina adúltera", editada en portugués, en la que estudia "la tragedia de Juana de Portugal y de su hija Juana, llamada la Excelente Señora o la Beltraneja, y desvela la estrategia de Portugal para dominar Castilla y conseguir la anhelada unión ibérica. Es dato tomado de internet, no habiendo podido aún conseguir la obra o, cuando menos, lectura de la misma.
No debió jamás don Enrique acceder a dejar como rehén a su bellísima esposa; ello fue en 1467 e impuesto por la facción enemiga con la que, también idebidamente, entró en negociaciones. Siguiendo Marañón hablando de la desventurada reina, hace estas consideraciones en el capítuloXVII:
Pero llegó el año 1467, decisivo para el porvenir de Doña Juana, y ésta fue entregada por el propio Rey, en rehenes, al Arzobispo de Sevilla, que la llevó al castillo de Alaejos, donde parece que fue galanteada por el propio prelado, y aun algunos insinúan que logró seducirla. / "El Arzobispo de Sevilla perdió el seso, nos dice Palencia, con la prenda que en rehenes le había entregado Don Enrique". La llevaba, sobre una mula, a cazar por los bosques de Coca y aprovechaba el cinegético paseo para requebrarla atrevidamente. Parece cierto que no sólo no logró sus propósitos este liviano Arzobispo, sino que el deseo de huir de él fue una de las razones que determinaron la fuga de doña Juana del castillo de Alaejos. Según Enriquez del Castillo, esta actitud de la Reina fue causa principal del odio que la cobró el Arzobispo, y motivó en gran parte la reunión de Guisando y las consecuencias de este pacto; y es de gran interés este comentario para explicar los turbios fondos pasionales en que se fraguó el histórico suceso, que tanto se ha querido explotar contra Doña Juana.Tanto el rey como a la reina fueron convertidos por la nobleza y la Iglesia en auténticas marionetas por ellos manejadas. Y ello debido, reiteramos, a la patológica docilidad de Enrique IV, que no ya mera bondad.


