domingo, 17 de marzo de 2013

A vueltas con el controvertido Enrique IV de Castilla, el Rey maltratado (II)


Pudo haber sido tabla de salvación su segundo matrimonio.

Aquella levantisca nobleza, prelados, señores, destruyeron su matrimonio, la compañía de su esposa y de su hija, compañía de ésta de que también había de verse privada entre ellas. Juana de Portugal tal vez hubiera cumplido su papel de esposa, pues que de tal modo empezó, y extendiéndole al de reina. Según Tarsicio Azcona, en "Juana de Castilla, mal llamada la Beltraneja", los nobles castellanos se enemistaron con la reina desde un principio, viéndola dedicarse a los negocios de Estado. Ella deseaba, contra la idea de ellos, casar a su cuñada Isabel con su hermano Alfonso V de Portugal -hubiera sido la manera de aclarar los nubarrones de la situación- y a su hija Juana con el hijo de éste, el Príncipe Perfecto, que sucedió al padre como Juan II. Era política de enlaces matrimoniales tendentes a la anexión de los reinos de Castilla y Portugal. Sostiene, asimismo, dicho historiador que el rey nunca quiso tomar osadía de varón para hacerse temer. Obvia y lamentablemente fue así, ni aún con la ayuda de la esposa... Y ella sin el apoyo de él... Estuvo siempre llamada a vencer Isabel ante un hermanastro tan abúlico y bondadoso. 

Pudo tener doña Juana un segundo hijo de su marido pero el embarazo terminó en aborto. Se encontraba en el Alcázar de Segovia haciendo alguna labor, acompañada de sus doncellas;  colocada junto a una ventana para mejor visión de su trabajo, con un sol fuerte que hacía y tras varias horas ocupada, cuando empezó a arder su cabellera -el cristal del ventanal había hecho "efecto lupa"-, empezó a dar gritos, a correr, despavorida, por la estancia. Sus doncellas apagaron el fuego de su pelo y la calmaron, mas el susto provocó el aborto del niño que esperaban ella y su esposo. ¿Hubiera sido el sucesor o hubiera corrido el mismo destino que la princesa Juana? Este no hubiera sido el Beltranejo, es de suponer. ¿A quién se le hubieran adjudicado aquella mala gente, empezando por la hermanastra regia? No hubiera cambiado la rebeldía, ya que su rectificación correspondía por naturaleza a ser impuesta por el monarca. Éste ni siquiera fue capaz de defender su matrimonio, sólo, como hemos visto, en alguna medida a su hija. 

Es obra de indeclinable consulta sobre nuestro rey y su entorno el estudio que hace Gregorio Marañón, quien al respecto de tan desafortunada esposa no quiere -dice- terminar su libro, "Ensayo biológico sobre Enrique IV de Castilla y su tiempo -transcribo-:
... sin dedicar algunas palabras a otro de los personajes que hemos tenido que llevar y traer en esta lamentable historia. Me refiero a la Reina Doña Juana, la segunda esposa de Don Enrique. /  Porque todos los actores de la tragicomedia que hemos resucitado han tenido en sus contemporáneos y en la posteridad adversarios y defensores. [...] Pero ante esta infeliz Doña Juana todos los juicios han sido unánimes; todos la condenan por liviana,y nadie le regatea un ápice de responsabilidad en aquel caos con que terminó la Edad Media en España. Y, sin embargo, nosotros desde nuestro plano de historiadores, no de la Historia, sino de la Naturaleza, nos descubrimos respetuosamente ante su tumba. Porque acaso fue en aquella Corte de pecadores la que tuvo más disculpas naturales para sus flaquezas; porque vivió y murió en la dignidad de la heterodoxia de su amor, y, al fin, porque fue la más desventurada -la "triste Reina", como ella se hacía llamar- entre todas las víctimas de un ambiente a la vez refinado y corrompido.
Se inició este estudio en 1930, después en nuevas ediciones se incorporaron novedades -de la que me hallo en posesión es la decimoquinta -1998-, antes tuve otras-. Ya no puede decirse que Juana de Avis carezca en absoluto de defensores, así,por ejemplo,el historiador argentino Marsilio Cassotti escribió la biografía "La reina adúltera", editada en portugués, en la que estudia "la tragedia de Juana de Portugal y de su hija Juana, llamada la Excelente Señora o la Beltraneja, y desvela la estrategia de Portugal para dominar Castilla y conseguir la anhelada unión ibérica. Es dato tomado de internet, no habiendo podido aún conseguir la obra o, cuando menos, lectura de la misma.   

No debió jamás don Enrique acceder a dejar como rehén a su bellísima esposa; ello fue en 1467 e impuesto por la facción enemiga con la que, también idebidamente, entró en negociaciones. Siguiendo Marañón hablando de la desventurada reina, hace estas consideraciones en el capítuloXVII:
Pero llegó el año 1467, decisivo para el porvenir de Doña Juana, y ésta fue entregada por el propio Rey, en rehenes, al Arzobispo de Sevilla, que la llevó al castillo de Alaejos, donde parece que fue galanteada por el propio prelado, y aun algunos insinúan que logró seducirla. / "El Arzobispo de Sevilla perdió el seso, nos dice Palencia, con la prenda que en rehenes le había entregado Don Enrique". La llevaba, sobre una mula, a cazar por los bosques de Coca y aprovechaba el cinegético paseo para requebrarla atrevidamente. Parece cierto que no sólo no logró sus propósitos este liviano Arzobispo, sino que el deseo de huir de él fue una de las razones que determinaron la fuga de doña Juana del castillo de Alaejos. Según Enriquez del Castillo, esta actitud de la Reina fue causa principal del odio que la cobró el Arzobispo, y motivó en gran parte la reunión de Guisando y las consecuencias de este pacto; y es de gran interés este comentario para explicar los turbios fondos pasionales en que se fraguó el histórico suceso, que tanto se ha querido explotar contra Doña Juana.
Tanto el rey como a la reina fueron convertidos por la nobleza y la Iglesia en auténticas marionetas por ellos manejadas. Y ello debido, reiteramos, a la patológica docilidad de Enrique IV, que no ya mera bondad. 
                                            

domingo, 10 de marzo de 2013

A VUELTAS CON EL CONTROVERTIDO ENRIQUE IV DE CASTILLA, EL REY MALTRATADO ( I )

El rey más difamado

Al hablar de la usurpación que del trono hicieron los Reyes Católicos a la princesa Juana de Trastamara Avis -hija biológica o no pero siempre legítima del rey- ya traté, como es obvio, del reinado de este desdichado monarca, mas hic et nunc, aquí y ahora, vuelvo a caminar por esta historia y por esta biografía. Consecuentemente uno y otro artículo son complementarios.

La vida de Enrique de Trastamara y Aragón es de gran controversia; los cronistas se volcaron en atacarle, porque es triste costumbre de historiadores alabar al vencedor y desprestigiar al vencido, y ya no digamos los coetáneos, que, obviamente, impelidos se ven a ello. Ya el paso del tiempo llega a permitir juzgar con libertad, y surge el que escribe de otra manera, el que puede ser ecuánime, pero, de momento y como se ha dicho, la Historia la escriben los vencedores. Por otra parte, el cambio cronológico cambia criterios. 

En nuestra época se ha sido más justos con la figura de referencia, y en general pasado su tiempo, ha existido alguna reinvindicación. Se han escrito artículos e incluso biografías presidiras por esta tendencia, citaré como paradigma el librito -el diminutivo sólo atañe a la extensión- del insigne abogado -estaba en posesión de la cruz de san Raimundo de Peñafort - e historiador Manuel González Herrero, fallecido en febreo de 2006. Era natural de Segovia y, muy amante de su tierra, en ella quiso, pese a su alto vuelo profesional en la abogacía, que transcurriera su vida, y a su provincia dedicó la casi totalidad de su producción de Historia. En junio de 2005 había recibido el reconocimiento de Hijo Predilecto de la Provincia de Segovia. (A esta mención quiero adherir el muy agradable recuerdo que tengo de quien fue mi abogado y amigo). Por su amor a su ciudad y a lo justo, ¿cómo no había de defender al rey vinculado a Segovia a la que quiso y en la que fue querido?


viernes, 22 de febrero de 2013

Los Reyes Católicos no fueron tan honrados ni tan benevolentes




A Fernando de Trastámara Enriquez y a Isabel de Trastámara Avis mucho les ha servido para su buena fama a lo largo de la Historia el apelativo de Reyes Católicos, pero uno y otra juntos, y también por separado, tuvieron hechos que no son muy católicos, que digamos. A su favor estuvo también su buena estrella, el hado se portó bien con ellos. Pero es irrefutable que Isabel tuvo la intención primigenia de suceder a su hermanastro, Enrique IV, y trató a todo trance de aprovecharse de las circunstancias políticas y personales surgidas. En "Castilla: negro sobre rojo - De Enrique IV a Isabel la Católica", de Manuel González Herrero, da el autor magistralmente la clave de éstas:
Las murmuraciones sobre la legitimidad o iligitimidad de la desventurada infanta doña Juana, llamada luego la Beltraneja por sus adversarios, y los infundios que incorpora Palencia, son posteriores y se ligan al desequilibrio que el nacimiento de doña Juana introduce en deteminadas combinaciones políticas del occidente europeo, en cuanto a Francia, Aragón y Castilla, en cuyo centro actúa la ambición de Juan II de Aragón y de los nobles castellanos coaligados con él y que constituirían el partido rebelde. 
Almudena de Arteaga considera la usurpación del trono por Isabel de Trastámara a su sobrina y ahijada Juana como "el pecado oculto de Isabel la Católica". No, no es un pecado oculto, más bien al que hubo tendencia a hacer la vista gorda. Se mire cómo se mire es de claridad diáfana que la legal sucesora del reino era la hija. En aras de la paz pasó el rey por aquellas horcas caudinas que fue el Tratado de los Toros de Guisando, mas hubo de revocarle después; entonces, como dice Moreno, en su Historia de España, Revocado por Enrique IV el tratado de los Toros de Guisando, y reconocida como sucesora del trono su hija Dª Juana, era evidente que Isabel I no podía llevar legítimamente la corona. Pero la llevó; a falta de la fuerza de la razón, de la legalidad, la conquistó ilegalmente mediante la razón de la fuerza. Surgió una guerra civil que duró cinco años. El citado autor hace una llamada para informarnos: 

jueves, 14 de febrero de 2013

LA EDAD

No hablaré del amor a través del tiempo, platónico o aristotélico, siempre fue igual, sino del paso de la vida vista desde la atalaya del amor, hablaré de la edad de amar. 

La edad de amar, he aquí el título de de una obra de Andrés Révesz en la que trata diversos temas en función de la mujer, en cuyo capítulo referente a la edad de inspitar amor sostiene se ha ido extendiendo con el paso de las épocas. Efectivamente, hoy nadie se atrevería a decir que una mujer
                              De treinta a treinta y cinco no alboroza,
                              pero puede pasar con sal-pimienta, 
como en el Siglo de Oro pensara uno de nuestros clásicos. Sin embargo, el hombre sigue siendo exigente con la edad de ella; claramente se comprende que Ninon de Lenclos haya dicho: Cuando lasmujeres han cumplido treinta años, lo primero que olvidan es su edad. Cuando llegan a los cuarenta, olvidan por completo su recuerdo. De Ninon a nuestros días la frase no ha perdido actualidad. En cuanto al hombre, hay quien dice que nunca es viejo; no creo merezca comentario, es una necia salida del vulgo.

Es notorio de que hombres jóvenes se siente fuertemente atraidos por mujeres maduras, mientras, por el contrario, a los mayores les gustan las jovencitas. El estudio de este fenómeno entra en el campo de la psicología médica. ¿Son razonables estos amores? Mucho se ha hablado sobre ello, por lo general se hace mofa; yo sólo diré que son contrarios al sentido común porque van en contra natura y que si algún atenuante tienen es el dolor que produce la soledad; así lo ve el doctor Marañón al escribir: El hecho de que estos amores o matrimonios tardíos coincidan con la edad enque la decadencia es notoria y en la intimidad indisimulable, es la mejor prueba de quesu explicación no es, como suele pensarse, el amor otoñal. Se trata sencillamente de una simple medicina contra la soledad, que, a veces, es cierto, suele costar muy cara. Suelen ser los lllamados matrimonios de conveniencia, que nada tienen de tal, los cuales define el citado autor en otra parte de su obra "Vida e Historia" del modo siguiente: Se llama, a veces, por ejemplo, matrimonio de conveniencia al de una mujer joven que se une por razones crematísticas con un hombre decrépito y deforme; mas esto, claro es, no es conveniencia, sino una indignidad.

jueves, 7 de febrero de 2013

CATALINA DE LANCASTER ( II )

                                                              


 No fue el primer Príncipe de Asturias persona que se dejara mangonear por los nobles y por los grandes señores, quienes tendrían por juguete a su nieto, Enrique IV, pero no a su nieta, Isabel la Católica, que los metió en vereda, haciendo una nobleza culta y no tan levantisca, imponiéndose la realeza, aun cuando el alto clero continuará poderoso. Y aún mas. Y así también con los Austrias, dada la religiosidad de los reyes, vaga como paradigma el fanatismo religioso de Felipe II que mucho perjuicio causó a España materialmente. Y una leyenda negra no totalmente sin fundamento. Enrique III fue un hombre de carácter, tenía la firmeza y energía que faltó a su hijo,Juan II. Pese a todo, ¿Qué hubiera sido de este rey sin su valido? Muy conocida es la frase que emitió próximo a su muerte: Naciera yo hijo de un labrador y fuera fraile del Abrojo, que no rey de Castilla. 

El reinado, pues, de Enrique III fue bastante brillante; quitó poderio a los nobles, impuso el poder real que, cual queda dicho, disminuyó con su hijo y con su nieto. En cuanto a éste, le vino de perlas a la infanta Isabel para usurpar el trono a su sobrina si bien tras ser erigida reina,tras cinco años de guerra de sucesión, eliminó las ínfulas  de los nobles como había hecho su abuelo paterno, asentó definitivamente el poder real. Pero algún que otro título nobiliario continuaría con relieve político en siguientes reinados dejando su influencia a veces nefasta, así, por ejemplo, tras la unión ibérica con Felipe II se perdería Portugal, en tiempo de Felipe IV,  a causa del duque de Braganza al que alentó ser un traidor su esposa, que era hija del duque de Medina Sidonia, diciéndole: Mejor quiero ser reina una hora que duquuesa toda la vida.