viernes, 23 de enero de 2026

Dios y la muerte en Unamuno

He aquí a Miguel de Unamuno y Jugo y a su esposa, la única mujer que figura en su vida.

Miguel de Unamuno y Concha Lizárraga

Tan obsesionado estuvo el autor "Del sentimiento trágico de la vida" que llega a relacionar el amor de algún modo con la muerte: "Es el amor -escribe- lectores y hermanos míos, lo más trágico que en el mundo y en la vida hay; es el amor hijo del engaño y padre del desengaño; es el amor el consuelo en el desconsuelo; es la única medicina contra la muerte, siendo como es de ella hermana".

Como nadie ignora, los tres grandes temas o puntales de la Filosofía son: Dios, el mundo y el ser: Partiendo de esta base no se concibe quien pretende establecer gran distancia entre la Religión y la Filosofía. En cierto modo ambas confluyen en la muerte. "Si no existiese nuestra vida, límites y dolores -dice Schopenhauer- acaso a ningún hombre se le hubiese ocurrido la idea de preguntarse por qué existe el mundo y está constituido precisamente de esta suerte". Definitivamente sienta esta premisa: <la muerte es el genio inspirador , el mussagetes de la Filosofía, sin ella difícilmente se habría filosofado>. En la muerte radica "el interés que sentimos por los sistemas filosóficos y por los religiosos". Él apunta que los explica, y cierto que mucha ha escrito sobre la Religión en general.

Dejemos a este filósofo y pasemos al autor de una obra enjundiosa como es Del sentimiento trágico de la vida, aunque se tilde de excesivamente peligrosa, en la que nuestro Unamuno sostiene que el terror a la muerte, el ansia de inmortalidad, es la generatriz, por así decirlo, de toda filosofía y de toda religión. Ve la historia dela filosofía -insisto- inseparable de la historia de la religión, y ésta también originada por la muerte- "Sea el que fuere -escribe- el origen que quiera señalarse a las religiones, lo cierto es que todas ellas arrancan históricamente del culto a la muerte, es decir, a la inmortalidad". No se detiene a examinar religiones para probarnos que es así, pero ¿quién lo ignora a poca cultura en Historia que posea? Revisa gran parte de la Historia de la Filosofía: Kant, Spinoza, Platón, Vogt, Haechel, Blichner, Virchov y algún otro, empero a lo que dedica mayor extensión es al Cristianismo.

Fía Unamuno más en el sentimiento que en la razón, y así Expone: "La fe en Dios nace del amor a Dios, creemos que existe por querer que exista, y nace acaso también de l amor de Dios a nosotros. La razón no nos prueba que Dios exista, pero tampoco que no pueda existir.

En "Mi religión y otros ensayos" encontramos algo similar a este aserto: "Nadie ha logrado convencerme racionalmente de la existencia de Dios, pero tampoco de su no existencia". Y añade: "Los razonamientos de los ateos me parecen de una superficialidad y futileza mayores aún que los de sus contradictores. ¿Por que creo en Dios? Si creo en Dios o por lo menos creo creer en Él, es, ante todo, porque quiero que Dios exista (ya deja expuesto en otra parte que no concibe haya quien no quiera la existencia de Dios) y después porque se me revela, por vía cordial, en el Evangelio y a través de Cristo y de la historia.


La importancia de nuestra parte corporal.

Del desaparecido cementerio de Bilbao (Cementerio de Mallona) nos recuerda Unamuno que había grabada esta cuarteta:
"Aunque estamos en polvo convertidos, / en ti, Señor, nuestra esperanza fía, / que tornaremos a vivir vestidos / con la carne y la piel que nos cubría". Esto a tal extremo que es doctrina católica ortodoxa la de que la dicha de los bienaventurados no es del todo perfecta hasta que recubren sus cuerpos. Quéjense en el cielo, y "aquel quejido les nace -dice nuestro Fray Pedro Malón de Chaide, de la Orden de San Agustín, español y vasco- de que no están enterrados en el cielo, pues sólo está el alma, y aunque no pueden tener pena porque ven a Dios, en quien inefablemente se gozan, con todo parece que no están plenamente contentos. Estarlo han cuando se vistan de sus propios cuerpos".

"A este dogma central -añade- de la resurrección en Cristo y por Cristo, corresponde un sacramento central también, que es el eje de la piedad popular católica, es el sacramento de la Eucaristía. En el se administra el cuerpo de Cristo, que es pan de inmortalidad."

viernes, 2 de enero de 2026

La obsesión del muy imperfecto ex monarca Juan Carlos I

Justo castigo a su perversidad.

Contra lo bueno  de que presume haber hecho, su quebranto del  5º Mandamiento de la Ley de Dios: "no matar, se halla en duda, y no sólo respecto al caso de la joven actriz Sandra Mazarorowsky que a la edad de 18 años y supuestamente embarazada de él, y negándose a abortar, fue arrojada desde la ventana de su domicilio.  De una manera fragante lo están el 6º:: "no fornicar",el 7º: "no hurtar", el 8º: "no levantar falso testimonio,ni mentir", y el 9º: "no desear la mujer de tu prójimo". He de recalcar que en la transgresión de este Mandamiento, así como en el sexto y séptimo fue un campeón. 

Es """realmente""" -de realeza y realidad- su osadía un tremendo cinismo, de elogiar grandemente a su esposa Sofía de Grecia, a pesar de haberla hecho una de las reinas más cornudas. Viva la patria y la madre que la parió. Fue ésta la reina consorte Federica de Grecia -Federica de Hannover-´,,   mujer previsora por tristes experiencias de su vida, como la de ser cornuda de hombres, habida cuenta de que su esposo el rey  Pablo I de Grecia fue uno de los más celebres sodomitas que han existido. Dado lo curtida que estaba en sufrir adulterio, cuando su hija al saber de la infidelidad de Juan Carlos -le pilló con Sara Montiel como refiere Juan Balansó- tomó la decisión de divorciarse la disuadió, proyectándola al teatro a que debía prestarse y convenciéndola de que  todo otro camino a seguir le sería peor.

Lo que en su senectud teme enormemente el rey "negociante" y donjuán por antonomasia.   

Es morir en su exilio. Aquí se pretende el engaño, para descartar el deleznable acto de su hijo Felipe VI, de que fue voluntad de Juan Carlos irse de España tras su abdicación. Él expone -en pluma de la periodista francesa Laurence Debray sus Memorias, y en ellas lo siguiente: 

"No sé si el sacrificio personal de mi salida de España ha sido beneficioso y aprobado en su justo valor. A mí, desde luego me cambió como hombre: <Lo que no me mata, me hace fuerte>. [...] Pero me aferro a esta certeza: mi país corre por mis venas. Me despierto con la nostalgia del país y me acuesto con la misma nostalgia. En Abu Dubi llevo a España muy dentro de mí.  Nada ni nadie puede arrebatarme ese privilegio y ese orgullo, aunque todavía hoy mis breves visitas a España están sujetas a la aprobación de la Casa Real y me vea privado a una vida familiar en la Zarzuela".

Las pía, como vemos, clama con anhelo por la vuelta a su papel o, al menos, al final que corresponde tener a quien le ostentó. En suma, lograr recuperar lo más posible de lo que fue: morir en España y que a su muerte se le rindan los correspondientes honores. De ello haré referencia, Deo volente. otro día.